La mirada de Rosa se pierde en un horizonte que promete seguridad, pero que entrega incertidumbre. Llegó hace tres años desde San Pedro Sula a Estados Unidos, con la esperanza de obtener asilo. La hondureña escapó de amenazas constantes y una economía que apenas le permitía sobrevivir.

Rosa es una más entre los 201,877 hondureños que desde 2018 hasta 2023 solicitaron refugio en Estados Unidos, convirtiendo a Honduras en el cuarto país con más solicitudes de asilo, según datos de la Oficina de Estadísticas del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).

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El largo camino de espera

En una carrera que nadie desea correr, Honduras figura detrás de Venezuela, Cuba y Guatemala.

Cada solicitud representa una historia marcada por violencia, pobreza extrema y falta de oportunidades.

Aunque quienes solicitan asilo permanecen en Estados Unidos mientras se decide su situación legal, esta espera puede durar años, lo que sumerge a los migrantes en un limbo jurídico y emocional.

Los invisibles

Además del alto número de solicitantes de asilo, otros 560 mil hondureños permanecen como migrantes indocumentados, lo que ubica también a Honduras en el cuarto lugar entre los países con más población indocumentada en Estados Unidos.

Esto refleja una crisis silenciosa: familias completas viven a la sombra del miedo diario a la deportación.

El DHS revela que un alarmante 79 % de los indocumentados llevan más de doce años residiendo en Estados Unidos, mientras que un 13 % supera incluso las tres décadas en condición de ilegalidad.

La mayoría de estos migrantes se concentran principalmente en California y Texas, seguidos por Florida, Nueva Jersey, Illinois y Nueva York.

Familias atrapadas entre fronteras

La dimensión familiar agrava aún más el drama. Según el American Immigration Council, unos 5.1 millones de niños estadounidenses viven actualmente con al menos un familiar indocumentado.

Esto hace que estos migrantes enfrenten diariamente la amenaza de separación y desintegración familiar.

Organizaciones especializadas en migración estiman que para 2025 la población indocumentada podría superar los 13 millones de personas en Estados Unidos.

La presión sobre el sistema migratorio se incrementa y pone a prueba la capacidad de Estados Unidos para gestionar la crisis humanitaria.

Mientras Rosa espera en silencio la resolución de su caso, miles de hondureños continúan viviendo con miedo, atrapados en la incertidumbre de no tener documentos y sin una vía legal que les permita permanecer.

Cada migrante lleva consigo una historia de esperanza y sufrimiento, reclaman atención urgente en una sociedad que aún debate cómo resolver una crisis cuya dimensión humana sigue creciendo día con día.