El Tribunal de Sentencia condenó este jueves a 96 años de prisión a Daniel Alejandro Almendares Ordóñez, señalado como el cuarto implicado en la masacre ocurrida el 14 de julio de 2022, en la que fue asesinado Said Omar Lobo Bonilla, hijo del expresidente Porfirio Lobo (2010-2014).
En la masacre también murieron José Salomón Vásquez Chávez, Norlan Enrique Rodríguez Rivera y Luis Armando Zelaya Rivera.
El tribunal impuso a Almendares una pena de 22 años y seis meses de cárcel por cada uno de los asesinatos, sumando un total de 90 años. Además, le agregó seis años más por el delito de asociación para delinquir, lo que fijó la condena definitiva en 96 años de reclusión.

Durante el juicio oral y público, la fiscalía evacuó más de 33 medios de prueba entre documentales y testimoniales, mientras que la defensa presentó siete, sin lograr refutar la acusación.
Esta condena se suma a la de Ever Ezequiel Espinoza Martínez, sentenciado en 2024 a 96 años de cárcel por los mismos asesinatos. También, en un proceso separado, Erick David Macías Rodríguez y Norma Alicia García recibieron penas de 12 años y ocho meses por encubrimiento y asociación para delinquir.
Con este fallo, el Poder Judicial reafirma su compromiso de sancionar con firmeza los crímenes de alto impacto, aunque para las familias de las víctimas, el dolor y la pérdida permanecen imborrables.
Masacre en la que murió Said Lobo
La madrugada del 14 de julio de 2022 Said Omar Lobo Bonilla junto con sus tres amigos salían del estacionamiento del centro comercial Torre Centro Morazán, en Tegucigalpa cuando fueron acribillados a tiros por sujetos que llegaron a bordo de unos dos vehículos pick-up, matanza que quedó grabada en video de las cámaras de seguridad.
Los jóvenes salían de una discoteca del complejo después de divertirse con amigos, cuando un vehículo tipo pick-up Volkswagen Amarok negro, sin placas, obstruyó su salida. Quienes los atacaron estaban uniformados como miembros de la Fuerza Nacional Anti Maras y Pandillas (FNAMP) y fuertemente armados.
En cuestión de segundos, los jóvenes fueron obligados a bajarse de sus vehículos, forzados a colocarse contra una pared y ejecutados con ráfagas de fuego frente a testigos atónitos.
Testigos y sistemas de videovigilancia registraron todo el brutal ataque, que tomó apenas unos minutos.

