Familiares y amigos de Glenda Rubio recibieron este jueves en El Porvenir, Choluteca, los restos mortales de la joven asesinada por su pareja en Fort Worth, Texas, Estados Unidos.
Rubio, de 22 años y madre de dos niños, fue recibida con música de banda, en un acto cargado de dolor y lágrimas. Su padre y hermano cargaron el féretro, pero no pudieron con el peso de tanto dolor.
Un adiós desgarrador a joven asesinada en EE. UU.
El padre de Glenda, sumido en el dolor y sufrimiento, recordó los consejos que le dio a su hija sobre su relación con el hombre que finalmente le quitó la vida.
"Yo la aconsejaba mucho: 'no te metas con el varón', le decía. No me hizo caso", expresó con dolor.
El padre de Glenda también habló sobre el asesino de su hija, identificado como Josué Bayardo Rodas, afirmando que "es un hombre que se drogaba”, pero la joven nunca escuchó las advertencias de su familia.
"Mi niña, mi niña, yo la quiero mucho", agregó, visiblemente afectado.
El asesinato de Glenda ha dejado consternada a toda la comunidad en el sur de Honduras, donde lamentan su partida y piden justicia para que el responsable enfrente las consecuencias de sus actos.
"Ella era la palillona y la cabecilla de la banda, nos sentimos muy tristes", expresó una pobladora que llegó a acompañar a la familia en su dolor.
El asesinato de hondureña en Estados Unidos
Glenda Rubio fue encontrada sin vida en su vivienda en Fort Worth, Texas, durante el fin de semana del Día del Trabajo. La joven madre fue hallada por sus hijas Nathaly y Zoé, de 6 y 4 años, quienes al intentar despertarla notaron que su madre estaba cubierta de sangre.
La noche anterior al crimen, testigos aseguraron que la pareja había estado consumiendo alcohol, lo que aparentemente desencadenó una pelea. En la madrugada, Rodas le disparó a Glenda en la cabeza y parte superior del cuerpo.
El asesinato fue reportado por la dueña de la casa, quien descubrió la puerta principal abierta y el vehículo de Rodas desaparecido. Las autoridades confirmaron que Rodas se entregó voluntariamente después de conducir casi 200 millas, llamando al 911.
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