A plena luz del día, mientras los médicos atienden urgencias y las enfermeras preparan inyecciones, a pocos metros de ahí se libra otra emergencia: el miedo por asaltos.
En el Centro de Salud El Manchén, ubicado en el corazón de Tegucigalpa, la violencia no llega con camillas ni ambulancias. Llega en motocicletas.
Médicos, enfermeros y pacientes se ven obligados a hablar, cansados de callar ante una situación que se volvió insoportable.
“Ya no se puede trabajar ni venir por consulta. Aquí asaltan a diario y nadie hace nada”, cuenta un paciente que, por temor, pidió no revelar su nombre.
Las víctimas coinciden en un mismo patrón: cuatro hombres que circulan en dos motocicletas. Van con armas y decididos.
Según relatan, rondan la zona para asaltar sin distinción de horario ni de persona. “No les importa si es médico o enfermo, si estás dentro o fuera del centro de salud”, dijo el testigo.
Asaltos no paran ni con patrullas cerca
Lo que más indigna a la población es que, a tan solo unos pasos del centro asistencial, opera una posta policial. Sin embargo, la presencia policial parece más simbólica que efectiva.
“Mandan una patrulla, da una vuelta, y al rato los delincuentes vuelven. Es como si supieran la ruta y la hora”, denuncia el paciente.
El nivel de impunidad es tan alto que se reportan los robos de motocicletas del personal médico y daños a vehículos estacionados.
El miedo no solo se instaló entre los trabajadores de la salud. También contagió a los pacientes, quienes ahora dudan en acudir a sus citas por temor a que los despojen de sus pertenencias.
Robos se extienden en El Manchén
La situación en El Manchén no es aislada. El fenómeno de los asaltos a mano armada se incrementan en otras áreas de Tegucigalpa, especialmente en el transporte público.
Las redes criminales que operan en barrios como El Manchén se aprovechan de la falta de respuesta efectiva de las autoridades, y convierten estos espacios destinados a la atención médica y al servicio público en zonas de peligro.
En medio de esta crisis, los testimonios de la comunidad reflejan un hartazgo profundo:
“No podemos vivir así, no podemos trabajar ni curarnos en paz”, lamenta una enfermera del centro, a quién le robaron la motocicleta días atrás.
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Inseguridad en el Centro de Salud El Manchén
El Centro de Salud El Manchén, se vacía de confianza. En vez de atender emergencias médicas, hoy sus pasillos son testigos del miedo.
Los asaltos, es una palabra que se repite como diagnóstico general. Se volvió parte del día a día, y no hay receta que alivie el temor ni patrulla que impida el siguiente atraco.
Mientras las autoridades dan respuestas tibias, quienes atienden y quienes se atienden en El Manchén solo tienen una certeza: la violencia no toma descanso.
