En medio de las difíciles condiciones que viven miles de migrantes en la frontera entre México y Estados Unidos, el periodista Cristian Morazán conversó con una compatriota que, pese a los retos, mantiene viva la esperanza de cruzar legalmente a EE.UU. para garantizar un futuro mejor a su hija.
Iris Andrade, originaria del municipio de Esparta, en el departamento de Atlántida, Caribe de Honduras compartió su testimonio desde un albergue ubicado a orillas del río Bravo, en la ciudad de Reynosa.
Con más de 14 años viviendo legalmente en México, donde obtuvo su residencia y formó una familia, hoy su realidad es muy distinta: sola con su hija de 10 años, sueña con llegar a suelo estadounidense.
"Me vine a trabajar, no por el sueño americano"
Iris dejó claro que su viaje inicial a México no fue motivado por el llamado "sueño americano", sino por la necesidad de trabajar.
Durante años, viajaba regularmente a Honduras, hasta que formó una relación en territorio mexicano, fruto de la cual nació su hija. Sin embargo, la vida le dio un giro inesperado cuando su pareja enfermó de cáncer y falleció, dejándola sola con la niña.
"Yo tenía ayuda de mi hijo cuando fui a Honduras hace dos años, pero todo estaba carísimo. Algunas cosas costaban el doble de lo que pago aquí. Me aguanté, pero no pude trabajar", explicó.
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La fe la mantiene en pie
Actualmente, doña Iris se encuentra en Reynosa con su hija, esperando una oportunidad para cruzar hacia EE.UU. de manera segura.
"Tengo fe en Dios. Si no se puede, regreso a Honduras, pero la esperanza es cruzar. Es por mi hija, ella es mi motivación", dijo emocionada mientras la menor jugaba a su lado.
La niña, ciudadana mexicana, tiene 10 años y es la razón principal por la que su madre desea llegar a Estados Unidos.
"Aquí estamos solas. En Estados Unidos, tengo una hija más y, si a mí me pasa algo, quiero que la niña esté protegida”, expresó.
Reynosa: entre el peligro y la esperanza
Reynosa es considerada una de las ciudades más peligrosas de México. Doña Iris lo sabe y lo ha vivido de cerca: "Hace como cuatro meses querían sacar a gente del albergue. Golpeaban los portones. Hay personas malas que secuestran y luego piden mucho dinero. Aquí enfrente hay gente que se dedica a eso. Nos dicen que no salgamos cuando hay muchos carros extraños", relató con preocupación.
A pesar de estos peligros, también reconoce la presencia de "buenos samaritanos" que apoyan a los migrantes en los momentos más difíciles.
Un mensaje a quienes buscan migrar
Ante la pregunta de si recomienda emprender la travesía hacia EE.UU., doña Iris fue honesta: "La fe mueve montañas, pero también hay que ser conscientes. Hay quienes prefieren quedarse tranquilos, comiendo frijoles y arroz con su familia. A veces, eso es más valioso que cualquier sueño".
Desde el albergue, esta madre hondureña representa a miles de personas que, a pesar de las adversidades, siguen luchando con fe, amor y esperanza por un futuro mejor.
