Cada mañana, miles de conductores en Honduras encienden sus unidades sin saber si regresarán a casa por la extorsión.
No es una metáfora. Es una realidad marcada por llamadas anónimas, mensajes intimidantes y cobros ilegales que se repiten semana tras semana.
Para muchos transportistas, la extorsión dejó de ser un problema ocasional y se convirtió en parte del “costo” de operar. Un costo impuesto por el miedo.
“Si no pagamos, nos matan. Así de simple”, repiten los transportistas, sector más golpeado con este delito.
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La extorsión millonaria que ahoga al sector
Dirigentes del transporte aseguran que el sector desembolsa millones de lempiras al año para mantener sus rutas en funcionamiento. Dinero que no se invierte en mejoras, salarios ni mantenimiento, sino en comprar unos días más de vida.
Las cuotas varían según la ruta, la zona y el número de unidades. En algunos casos, los pagos semanales superan lo que un conductor logra ganar en varios días de trabajo.
El resultado es una industria debilitada, endeudada y atrapada en un círculo del que no puede salir sola.
“Las bandas de extorsión se multiplican como hormigas. Durante más de dos décadas, el sector ha pagado montos incalculables a estructuras criminales. Solo en extorsión, las pérdidas ya superan los 56 mil millones de lempiras”, dijo Jorge Lanza, transportista.

Rutas sitiadas y ciudades paralizadas
Las zonas más afectadas son aquellas donde el transporte mueve a miles de personas diariamente. Allí, las bandas convirtieron las paradas, terminales y recorridos en territorios vigilados.
Cuando la presión se vuelve insostenible, llegan los paros. No son caprichos ni chantajes: son gritos desesperados de un gremio que ya no puede sostenerse bajo amenaza.
Varias rutas en Tegucigalpa y San Pedro Sula, son afectadas por la presión. El gremio dice que ya no puede sostenerse bajo amenaza.
"La falta de seguridad provoca incluso escasez de choferes y el colmo es tener trabas para interponer denuncias formales", lamentó Lanza.
Operativos sin resultados duraderos
Desde el Gobierno anunciaron patrullajes, retenes y planes de seguridad. Se despliegan agentes en puntos estratégicos. Se prometen investigaciones.
Pero en las calles, la percepción es otra. Los transportistas aseguran que los operativos duran días, mientras las extorsiones duran años. Que las capturas son aisladas, mientras las estructuras criminales siguen intactas.
“La Policía se va, y ellos vuelven”, resume un dirigente. Hoy, el mensaje del transporte es claro: ya no quieren discursos.
Exigen:
- Inteligencia real contra las bandas
- Protección permanente en rutas
- Investigaciones profundas
- Resultados visibles
No más anuncios. No más planes temporales. No más excusas.
Mientras los criminales cobran sin miedo y el Estado responde con lentitud, miles de trabajadores siguen saliendo a la calle con el corazón en la mano.
Su mensaje no es político. Es humano. No piden privilegios. Piden vivir.
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