El enemigo mide apenas unos milímetros, pero cada temporada pone a prueba los hospitales, llena las salas de emergencia y obliga a cientos de familias a enfrentar una enfermedad que puede complicarse en cuestión de horas: el dengue.
Esta vez, la respuesta no será únicamente fumigar o esperar el siguiente brote. La apuesta vuelve a ser más inusual: combatir mosquitos con otros mosquitos.
Médicos Sin Fronteras (MSF) lanzó en Tegucigalpa una nueva fase de su estrategia para enfrentar el dengue.
Esa es una enfermedad que cada año reaparece como una de las principales amenazas para la salud pública en Honduras.
El proyecto se desarrollará en el Centro Integrado de Salud San Miguel y la Unidad de Emergencias Periféricas de El Hato.
En estos lugares además de fortalecer la atención médica, busca que las comunidades detecten los casos con mayor rapidez y actúen antes de que la transmisión se dispare.
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El arma invisible contra el dengue
La iniciativa retoma un modelo aplicado entre 2023 y 2025 en los barrios La Joya, El Edén y El Manchén, donde más de 7,500 hogares participaron en un programa de prevención de enfermedades transmitidas por el mosquito Aedes aegypti.
La herramienta que más llamó la atención fue la liberación de mosquitos portadores de la bacteria Wolbachia.
Aunque pueda parecer contradictorio, estos insectos representan un aliado. La bacteria reduce la capacidad del mosquito para transmitir el dengue, así como otros virus como el zika y el chikungunya.
Además, la Wolbachia pasa de una generación de mosquitos a la siguiente, por lo que su efecto puede mantenerse durante años una vez establecida en la población.

No todo depende de fumigar
El proyecto también incorporó fumigación residual dentro de las viviendas y el uso de discos de piriproxifeno para disminuir la reproducción del mosquito en los hogares.
Según MSF, los resultados preliminares de esa intervención muestran un comportamiento alentador, mientras los datos continúan se analizan para una futura publicación científica.
La nueva etapa también fortalecerá la vigilancia epidemiológica comunitaria, permitiendo que vecinos, personal sanitario y autoridades locales identifiquen rápidamente posibles focos de transmisión y respondan antes de que aumenten los contagios.

La batalla empieza en los barrios
Para los responsables del proyecto, controlar el dengue no depende únicamente de los hospitales.
También requiere comunidades organizadas, eliminación de criaderos y participación ciudadana para impedir que el mosquito encuentre las condiciones ideales para multiplicarse.
Por eso, la estrategia involucra a líderes comunitarios, en un modelo que busca que la prevención permanezca incluso cuando el proyecto concluya.
Porque mientras el Aedes aegypti encuentre agua estancada para reproducirse, la carrera contra el dengue no se gana cuando llega el paciente al hospital.
Empieza mucho antes, en el patio de una casa, en una pila descubierta... y, ahora, también con mosquitos que luchan contra otros mosquitos.
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