La cifra retumba como un eco que nadie quiere escuchar: 98 mujeres asesinadas violentamente en lo que va del año en Honduras.

El dato lo dio a conocer Migdonia Ayestas, directora del Observatorio de la Violencia de la UNAH, con la urgencia de quien observa una tragedia que se repite, que no escandaliza lo suficiente y que amenaza con volverse rutina.

Ayestas es clara: muchos de estos crímenes son feminicidios, y lo más estremecedor es que una gran parte ocurre dentro del mismo núcleo familiar.

“Estamos hablando de entre seis y siete víctimas diarias en todo el país, y esto es grave”, expresó con voz firme.

Asesinadas donde deberían sentirse seguras

El hogar, ese lugar que debería ser refugio, se convirtió para muchas mujeres en su tumba.

Las paredes que alguna vez escucharon risas ahora esconden gritos silenciados, golpes y finales trágicos.

La violencia doméstica, ese enemigo íntimo, sigue cobrando vidas sin que las alertas estatales se activen a tiempo.

“Estos crímenes conmocionan por la forma en que se ejecutan”, lamentó Ayestas. Hay signos de odio, de saña, de un patrón que no solo apunta al abandono institucional sino también a una cultura que minimiza la violencia de género o la justifica en el silencio.

Un país que no protege a sus mujeres

El Observatorio insiste en que no se trata solo de contar cadáveres, sino de prevenirlos.

Pero en Honduras, la impunidad es norma. En la mayoría de los casos, los asesinos no se juzgan, y el miedo se apodera de quienes sobreviven.

Migdonia Ayestas lo dijo sin rodeos: “No se trata solo de reducir cifras, sino de salvar vidas y garantizar entornos seguros dentro y fuera de los hogares”.

Porque mientras el Estado no actúe con contundencia, mientras no se protejan a las víctimas y se castigue a los culpables, la cifra seguirá creciendo. Y con ella, el dolor de un país que se desangra en silencio.

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Cerrar los ojos no es opción

Las 98 mujeres que ya no están este año no son solo un número. Tenían nombre, sueños, familias, historias.

Cada muerte es un grito que exige justicia, prevención, educación, atención. Y sobre todo, acción.

Porque mientras haya una sola mujer en Honduras que tema por su vida en su propia casa, la urgencia será siempre ahora.