La noche cayó sobre San Alejo, Tela, como cualquier otra. Era marzo de 2013 y, entre las extensas plantaciones de palma africana, nada hacía presagiar la masacre que estaba por ocurrir.
Entonces sonaron las ráfagas y los guardias de seguridad de propiedades cercanas las escucharon durante la noche.
No fue un ruido aislado, fueron varios disparos que rompieron la tranquilidad de aquel sector de Atlántida (norte), pero nadie salió.
La oscuridad se tragó lo que ocurrió y hubo que esperar hasta el amanecer del 19 de marzo de 2013 para conocer la dimensión de aquella noche.
Entre las plantaciones de palma africana del sector Las Palmeras estaban cuatro hombres sin vida, San Alejo descubrió la masacre.
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La noche escondió la masacre de San Alejo
Los primeros relatos recogidos dibujaron una escena inquietante: los vigilantes de las fincas aledañas dijeron que escucharon las ráfagas durante la noche, pero fue hasta la mañana siguiente cuando se conoció el cuádruple crimen.
Lo que sonó en medio de la oscuridad tenía ahora cuatro víctimas y mientras comenzaron las labores de identificación, aparecieron detalles que hicieron todavía más extraño el caso.
Uno de los fallecidos pertenecía a la Policía de Fronteras de Honduras y el otro, era mexicano y llevaba apenas dos meses en el país.

El expolicía entre las víctimas
El primero que se identificó fue Guillermo Roberto Sánchez García, originario de La Masica, Atlántida.
Sánchez García era un exmiembro de la Policía de Fronteras, pero no fue el único nombre que comenzaría a surgir aquella mañana entre las palmeras.
Las autoridades también identificaron a David Manuel Alvarado García, ciudadano mexicano, ingresó al país el 19 de enero de 2013.
Exactamente dos meses después, estaba entre las víctimas de la masacre de San Alejo, y a la tercera víctima la identificaron como Marvin Manuel Santamaría, originario de Ocotepeque.
Del cuarto hombre, no se tuvo datos, permaneció sin identificar.

Las palmeras guardaron la escena hasta el amanecer
Han pasado 13 años desde aquella madrugada y San Alejo siguió adelante y las plantaciones de palma continuaron formando parte del paisaje de esa zona de Tela.
Pero aquel 19 de marzo de 2013 lo marcó una secuencia difícil de borrar: primero fueron las ráfagas que los vigilantes escucharon desde las fincas cercanas.
Después vino el silencio y finalmente amaneció. Solo entonces San Alejo pudo ver lo que la oscuridad escondió durante horas: cuatro hombres que perdieron la vida entre las palmeras.
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