Durante años, la extorsión encontró sus víctimas habituales en los mercados, las pulperías, los taxis y los autobuses.

Eran zonas donde circulaba dinero, aparecía una llamada, una amenaza o un mensaje exigiendo pago, pero las estructuras criminales ampliaron su lista de objetivos.

Ahora también ponen la mirada en los colegios privados y no buscan pupitres ni computadoras.

Tampoco llegan interesados en la educación, lo que buscan es dinero, el mismo que mes a mes ingresa por matrículas y mensualidades.

El mismo que les ha hecho ver a las escuelas como otra fuente de recursos para alimentar un negocio basado en el miedo.

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La extorsión llega a los centros educativos

El representante de las escuelas privadas, Carlos Sabillón, confirmó que existen denuncias de colegios ubicados en Tegucigalpa y San Pedro Sula que son víctimas de cobros extorsivos por parte de estructuras criminales.

Según explicó, grupos delictivos exigen el llamado "impuesto de guerra", una práctica que durante años golpeó al transporte público, pequeños comerciantes y emprendedores de distintos sectores.

La diferencia es que ahora el dinero que buscan proviene de instituciones dedicadas a educar.

Y eso revela hasta dónde llega la capacidad de expansión de un delito que parece no reconocer límites.

colegios extorsionados
La extorsión en escuelas y colegios privados se expande por América Latina y los docentes de colegios extorsionados no presentan denuncias por miedo a represalias. En la imagen un caso en Perú. Foto: composición de Gerson Cardoso/La República

Enseñar también tiene un costo impuesto por el crimen

La extorsión no solo amenaza las finanzas de los colegios, también coloca a directores y administradores frente a decisiones difíciles: proteger a estudiantes y docentes mientras intentan mantener funcionando una institución que depende de cuotas, salarios y gastos operativos permanentes.

Cada exigencia económica representan recursos que dejan de invertirse en educación para convertirse en una obligación impuesta por el miedo.

En otras palabras, las bandas no enseñan una sola clase, pero cobran por permitir que otros lo hagan.

El transporte escolar tampoco escapa

Sabillón advirtió que la problemática también alcanza a unidades de transporte relacionadas con el sector educativo.

La extorsión encontró en el transporte uno de sus blancos favoritos, y el transporte escolar es una extensión de ese mismo fenómeno.

Esto significa que la presión criminal puede acompañar al estudiante incluso antes de cruzar el portón del colegio.

extorsión

Una violencia distinta, pero presente

A diferencia de algunos centros educativos públicos, donde se reportan amenazas directas contra maestros o episodios violentos dentro de las instalaciones, los colegios privados no registran este tipo de incidentes.

Sin embargo, eso no significa que estén libres de violencia, la extorsión opera de otra forma.

No necesita disparos ni enfrentamientos para causar daño, les basta una llamada, una advertencia o la amenaza de represalias. Es una violencia menos visible, pero igual de efectiva.

amenazas
Centros educativos de Tegucigalpa y San Pedro Sula denuncian amenazas por la extorsión. Foto: cortesía.

Los otros conflictos dentro de las aulas

El representante del sector señaló además que los colegios privados enfrentan otro desafío: la relación con algunos padres de familia que intentan imponer condiciones por el hecho de pagar una mensualidad.

Como ejemplo relató el caso de una madre que amenazó con denunciar a un centro educativo ante la Fiscalía porque una docente le informó que no podía completar la matrícula de su hijo sin presentar la documentación requerida.

Para Sabillón, situaciones como esta reflejan la necesidad de fortalecer el respeto hacia los reglamentos escolares y hacia el trabajo de los docentes.

Cuando la educación también debe defenderse

La escuela se concibió para enseñar, formar y preparar a las nuevas generaciones, pero en Honduras, algunas instituciones se ven obligadas a defenderse.

Defenderse de la delincuencia que busca convertir la educación en otro negocio, defenderse de las presiones externas que intentan doblegar sus normas.

Es una realidad donde incluso los espacios creados para aprender terminan alcanzados por la sombra de la extorsión.

Porque cuando las bandas comienzan a cobrar por dejar enseñar, el problema ya no afecta únicamente a un colegio, golpea a toda la sociedad.

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