Mientras en Honduras crece la preocupación por la sequía y la falta de lluvias pone bajo presión las fuentes de abastecimiento, algunas comunidades del occidente del país se prepararon antes de que abrir el grifo y no encontrar que el agua sea una emergencia.

En San Fernando, una comunidad indígena de Yamaranguila, Intibucá, 187 familias cuentan ahora con una infraestructura capaz de almacenar y distribuir 20,000 galones de agua.

En tiempos de incertidumbre por las lluvias, la obra representa mucho más que un tanque: es una reserva para reducir la vulnerabilidad de las familias ante la escasez.

Pero San Fernando no es un caso aislado, la protección de microcuencas, restauración de ecosistemas, fortalecimiento de juntas administradoras de agua y viveros comunitarios forman parte de 16 iniciativas desarrolladas en diferentes zonas de Honduras.

La apuesta detrás de estas acciones es sencilla: proteger los recursos de los que dependerán las comunidades si mañana el agua comienza a faltar.

De interés: Sin agua todo sube: la sequía amenaza el bolsillo y la salud en la capital

20 mil galones frente a la amenaza de sequía

En San Fernando, el agua es una inversión comunitaria y la nueva infraestructura busca fortalecer la seguridad hídrica de las 187 familias que habitan el caserío indígena.

Los 20,000 galones permitirán almacenar y distribuir el recurso entre las familias, una ventaja relevante ante períodos prolongados sin precipitaciones.

“El agua es una inversión para el futuro y la salud de nuestras familias; además de vida, es dignidad”, expresó Silvio Sánchez, presidente de la junta de agua de San Fernando.

Sánchez destacó que la propia comunidad asumió el compromiso de cuidar tanto la obra como los recursos naturales de los que depende su abastecimiento.

La experiencia cobra especial importancia en momentos en que la sequía deja con baja disponibilidad de agua las comunidades y aumenta la presión sobre microcuencas y otras fuentes locales.

Image
El agua almacenada y el entorno natural de San Fernando, Yamaranguila, reflejan la apuesta de las comunidades por proteger sus fuentes y prepararse ante períodos de sequía y escasez. Foto: cortesía.

Proteger la fuente antes de que el agua falte

La preparación no se limitó construir infraestructura, las iniciativas incluyen protección de microcuencas, restauración de áreas degradadas, viveros comunitarios, fortalecimiento de juntas de agua, producción sostenible y acciones de gobernanza ambiental.

Son proyectos que también se replican en Copán, Ocotepeque, Lempira, La Paz, Intibucá, el sur de Santa Bárbara, el sur de Cortés y Comayagua.

Detrás de ellos están organizaciones comunitarias, grupos de mujeres y pueblos originarios, principalmente lencas y maya ch'ortí, que participaron directamente en la ejecución de las iniciativas.

Las comunidades aportaron jornadas de trabajo, mano de obra voluntaria, organización y gestión de recursos locales para complementar las subvenciones y mantener las acciones después de finalizado el financiamiento.

Image
Las familias de San Fernando reciben una obra construida para asegurar su acceso al agua y enfrentar con mayor preparación los períodos de sequía y escasez. Foto: PNUD.

16 comunidades pusieron manos a la obra

Los 16 Pequeños Proyectos Comunitarios que impulsa Conecta+, proyecto del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), va más alla del agua.

Junto con la Secretaría de Recursos Naturales (Serna) buscan conectar áreas protegidas con paisajes productivos del Corredor Biológico Húmedo del Sur Occidente de Honduras.

Es una forma de evitar que los ecosistemas queden cada vez más fragmentados y eso implica conservar bosques y corredores naturales.

Pero también implica encontrar formas para que las comunidades produzcan, administren sus recursos.

Y esto para por mejorar sus condiciones de vida sin destruir el entorno del que dependen.

Como parte del monitoreo se consideró especies como el puma, ocelote, margay, yaguarundí.

Además de aves como la reinita de mejillas doradas y el quetzal, cuya presencia ayuda a evaluar las condiciones de estos corredores biológicos.

Image
Así comenzó el proyecto en San Fernando, Yamaranguila: con el terreno preparado y la comunidad involucrada en una obra que hoy permite almacenar 20,000 galones de agua para 187 familias. Foto: PNUD.

La sequía convierte la prevención en necesidad

Para consolidar estos proyectos, los representantes de los 16 proyectos llegaron a La Esperanza, Intibucá, para intercambiar los resultados.

Fue en ese lugar que analizaron las dificultades que encontraron y las lecciones que dejaron las iniciativas.

Las experiencias muestran algo que adquiere otro peso ante la amenaza de sequía: prepararse para la escasez no comienza cuando desaparece el agua.

Comienza mucho antes, protegiendo una microcuenca, recuperando un ecosistema, fortaleciendo una junta de agua o construyendo capacidad para almacenar el recurso.

En San Fernando esa preparación se mide en una cifra concreta: 20,000 galones para 187 familias.

Mientras otras comunidades esperan que regresen las lluvias, allí la apuesta se adelanta al problema.

Cuidan la fuente, se organizan y aumentan su capacidad para enfrentar los días en que el agua sea más difícil de conseguir.

Lea también: Cosechar agua antes de perderlo todo: la apuesta frente a la sequía