No fueron a una protesta, ni pertenecían a ninguna banda. No empuñaron armas ni desafiaron al poder. Solo querían estudiar, avanzar, tener una vida distinta. Pero en Honduras, ser joven y universitario puede costar la vida. Entre enero de 2013 y 2022, 107 estudiantes universitarios fueron asesinados en el país, según una investigación liderada por el Instituto Universitario en Democracia, Paz y Seguridad (IUDPAS).

La mayoría no llegó a graduarse. No volvieron a clases. Hoy, sus nombres resuenan como un eco que se niega a apagarse.

En un acto cargado de memoria y dignidad, la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), el IUDPAS y la Facultad de Ciencias Sociales, junto con el programa Jóvenes Voluntarios por la Paz, organizaron el conversatorio “Voces silenciadas, ¿un dato más?”.

Este es un espacio que se creó para denunciar lo que el país normaliza: el asesinato de estudiantes.

Universitarios transforman el duelo

“Esta campaña se llama Somos Voz”, explica Esteban Ramos, coordinador del área de Paz del IUDPAS.

“Se diseñó por jóvenes de distintas carreras de la UNAH y otras universidades latinoamericanas. Nuestro objetivo es que estas muertes no se pierdan en cifras. Que la sociedad entienda que esta violencia nos afecta a todos”, denotó.

Somos Voz no es solo una consigna. Es un acto de resistencia. A través de testimonios, puestas en escena y reflexiones, los voluntarios narran las historias de quienes ya no están.

Son vidas truncadas por la violencia armada, que golpean con más fuerza a quienes apenas empiezan a soñar.

Los datos de la violencia en Honduras que duelen

Los hallazgos del informe no solo estremecen: exigen respuestas. De los 107 estudiantes asesinados, el 77.65 % eran hombres mayores de 21 años, y el 22.4 % mujeres mayores de 18.

La Ciudad Universitaria en Tegucigalpa concentra el 64.5 % de los casos. Le siguen el Campus del Valle de Sula (22.4 %), Atlántida (6.5 %) y Copán, donde hubo tres víctimas. En Choluteca, Olancho, Yoro y El Paraíso se reportó un caso por cada centro.

Las carreras también tienen su conteo: Enfermería encabeza la lista con 10 estudiantes asesinados, seguida de Informática Administrativa (9), Medicina (8) y Pedagogía. En total, se documentaron casos en 59 carreras diferentes.

El 85 % de las muertes fueron causadas por armas de fuego y el 81.3 % de las víctimas murieron baleadas, según datos del Observatorio de la Violencia.

Nada de esto fue accidental. Alguien jaló el gatillo. Alguien decidió que no merecían vivir.

“No somos datos, somos vidas”

Angi Benítez, estudiante de Administración de Empresas y voluntaria de Jóvenes por la Paz, habló en el evento.

“Aquí reflexionamos sobre lo que vivimos. Nos quitaron el derecho a vivir sin miedo. Pero hablar, pensar y expresar lo que sentimos nos permite resistir”, dice.

Para ella, el conversatorio no es solo un acto simbólico. Es una forma de sanar en colectivo, de impedir que los nombres caigan en el olvido.

“No somos datos. Somos vidas. Y tenemos derecho a vivirlas completas”.

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Un país que debe responder ante la violencia

¿Quién mató a los 107 universitarios? ¿Por qué? ¿Qué hizo el Estado? Las respuestas, en la mayoría de los casos, siguen pendientes.

El informe no solo muestra estadísticas; es un reclamo a las autoridades por la impunidad que envuelve estas muertes.

“La violencia nos quiebra, pero sanamos, reconstruimos y transformamos juntos”, es el lema de la campaña.

Una frase que sintetiza la lucha por justicia, memoria y verdad. Porque cada silla vacía en un aula representa una vida interrumpida.