Carteles hondureños y colombianos, esa es la pista que manejan agentes antinarcóticos sobre quién estaría poniendo el dinero detrás de las plantaciones de coca en Honduras.
Hay un problema: nueve años después del primer cultivo descubierto en el país, las autoridades todavía no identifican públicamente cuáles son esas estructuras ni capturan a un gran narcotraficante señalado como el financista de la siembra.
En ese tiempo sí encontraron mucho más. Más de 14.5 millones de plantas de coca han sido destruidas desde 2017, los cultivos alcanzaron al menos seis departamentos y en las montañas comenzaron a aparecer viveros y estructuras artesanales para extraer pasta base.
Solo en 2026, hasta inicios de agosto, las autoridades contabilizaban 42 plantaciones y alrededor de 630,000 arbustos intervenidos.
Los operativos llegan hasta la tierra donde crece la coca y, en algunos casos, hasta los campesinos que la cuidan.
El dinero que sostiene la cadena, sin embargo, conduce hacia un nivel que todavía permanece sin nombres.
"Son carteles hondureños y colombianos, pero no se identifican", explicó a tunota.com un agente antinarcóticos al referirse a las estructuras que estarían detrás de los cultivos.
La misma fuente lanza una segunda advertencia que muestra cuánto cambió el fenómeno desde aquella primera plantación:
"El cultivo de la materia prima para la elaboración de cocaína ya no está en fase de experimentación en Honduras".
La coca, en otras palabras, pasó la prueba.
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Coca en Honduras: el experimento que no fracasó
El 29 de abril de 2017, una operación en una zona montañosa de Esquipulas del Norte, Olancho, puso a Honduras frente a algo que hasta entonces no formó parte de su historia reciente del narcotráfico: una plantación de coca creciendo dentro de su territorio.
Era el primer cultivo oficialmente en el país. Honduras se conocía como un eslabón de tránsito para cargamentos de cocaína que viajaban desde Sudamérica hacia Estados Unidos.
Pero aquel hallazgo abrió otra puerta: la posibilidad de producir localmente la materia prima.
La duda entonces era si la coca realmente podía prosperar en suelo hondureño o si se trataba de un ensayo que terminaría muriendo entre las montañas.
No murió, con los años aparecieron nuevas plantaciones y la coca en Honduras se extendió por Colón, Atlántida, Yoro, Olancho, Santa Bárbara y El Paraíso.
Entre 2022 y 2024, las fuerzas de seguridad también encontraron cultivos que, según las investigaciones, mostraron adaptación a las condiciones locales.
Lo que en 2017 podía verse como una prueba es una actividad que se repite aun después de cada erradicación.

De sembrar la hoja a sacar pasta base
La transformación no ocurrió únicamente en la cantidad de plantas. Cerca de algunos cultivos comenzaron a aparecer viveros, recipientes, insumos químicos y estructuras artesanales utilizadas para procesar la hoja y obtener pasta base de coca, un producto intermedio en la elaboración de cocaína.
Ese hallazgo marca una diferencia. El negocio ya no consistía únicamente en conseguir semillas, limpiar una montaña y esperar que la planta creciera.
También había indicios de una logística montada para comenzar el procesamiento cerca de las zonas de cultivo.
Para los investigadores antinarcóticos consultados, ese avance confirma que la etapa de experimentación quedó atrás.
Sembrar decenas de miles de arbustos tampoco es una operación improvisada. Se necesita terreno, semillas, trabajadores, comida, transporte, insumos, vigilancia y meses de mantenimiento antes de obtener una cosecha.
Si además existe infraestructura para procesarla, la cadena exige todavía más recursos.
Es ahí donde aparecen los carteles hondureños y colombianos mencionados por las fuentes antinarcóticos.
Los investigadores los ubican detrás de la actividad, pero hasta ahora no establecen públicamente qué organizaciones son, quiénes las dirigen o qué narcos financian cada plantación.

2026: cortan una y aparecen más
Nueve años después del primer hallazgo, las cifras de 2026 muestran que la coca en Honduras sale de las montañas.
El 29 de enero erradicaron 30,000 arbustos en la aldea Victoria, Iriona, Colón. En los meses siguientes aparecieron plantaciones de diferentes tamaños en Olancho, Colón, Atlántida y Yoro.
Eran cultivos de 5,500, 16,000, 30,000, 48,000 plantas y complejos que superaron los 100,000 arbustos.
Para el 27 de junio, las Fuerzas Armadas reportaban 36 plantaciones y más de 575,000 arbustos asegurados, distribuidos en Colón, Atlántida, Yoro, Olancho, Santa Bárbara y El Paraíso.
Y la cuenta todavía no se detuvo, para el 4 de agosto, el total oficial subió a 42 plantaciones, más de 100 manzanas cultivadas y alrededor de 630,000 arbustos intervenidos durante 2026.
Colón vuelve una y otra vez en los reportes. Iriona, Tocoa y Bonito Oriental concentran varias de las operaciones.
Pero la presencia de cultivos en otros cinco departamentos muestra que la siembra consiguió romper esa frontera territorial.

Más de 14.5 millones de plantas y ningún capo por la siembra
La dimensión aparece cuando se deja de mirar cada operativo por separado y se ve desde la primera plantación encontrada en 2017 hasta 2026: más de 14.5 millones de plantas de coca destruidas en Honduras.
Son millones de arbustos sembrados, cuidados durante meses y escondidos en zonas donde llegar requiere logística y recursos.
Sin embargo, después de nueve años de operaciones, no existe un gran narcotraficante capturado y presentado públicamente por las autoridades como responsable de financiar la siembra de coca en el país.
Si caen personas en los cultivos, algunos son campesinos o trabajadores ubicados en el eslabón más bajo de la cadena.
Lo que no aparece con la misma claridad son quienes pagan por preparar los terrenos, sostener a los trabajadores, llevar los insumos y poner miles de plantas donde otras se destruyeron.
La referencia a carteles hondureños y colombianos permite mirar hacia arriba, pero todavía sin ponerles rostro.
Ni el Ministerio Público ni la Dirección de Lucha Contra el Narcotráfico identifican públicamente cuáles serían esas organizaciones.
Y esa es la paradoja que dejan millones de plantas destruidas: Honduras ya sabe que la coca crece en sus montañas; lo que todavía no sabe públicamente es quién paga para que vuelva a crecer.
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