La puerta del salón de belleza se abrió como cualquier otra mañana. Miriam Yolanda Canales Ramos se sentó frente al espejo mientras le arreglaban el cabello. Viajó desde Virginia, Estados Unidos, para visitar a su familia en Tocoa, Colón y aprovechar unos días de descanso antes de regresar a casa.

Nada indicó que aquella cita sería la última de su vida. Años después, un expediente de la justicia estadounidense señalaría que Herlinda Bobadilla ordenó su muerte.

Su hermana, llegó con ella, salió por unos minutos, pero cuando volvió, encontró el establecimiento convertido en una escena del crimen.

Varios hombres armados irrumpieron en el local y dispararon nueve veces contra Miriam.

Los asesinos desaparecieron tan rápido como llegaron y dejaron detrás una pregunta que durante años nadie pudo responder: ¿por qué matar a una mujer que solo estaba de visita en Honduras?

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El crimen sin explicación hasta que apareció Herlinda Bobadilla

El asesinato ocurrió en junio de 2013 y, durante mucho tiempo, fue uno más de los muchos expedientes marcados por el silencio.

Miriam residía de forma permanente en Virginia, Estados Unidos, y regresó al país únicamente para compartir con su familia.

No era una funcionaria pública, no tenía un cargo político ni aparecía vinculada a investigaciones criminales en Honduras.

Sin embargo, alguien decidió seguir sus movimientos hasta encontrarla en un lugar donde nadie espera una emboscada: un salón de belleza.

La respuesta comenzó a aparecer casi una década después, lejos de Tocoa y dentro de una corte federal de Estados Unidos, en el proceso judicial de Herlinda Bobadilla.

el asesinato

El expediente que reconstruyó la ejecución

En diciembre de 2022, fiscales federales estadounidenses presentaron una relación de hechos dentro del proceso contra Herlinda Ramos-Bobadilla, conocida como "Chinda" o "Herlinda Bobadilla".

El documento sostiene que la organización Montes Bobadilla creyó que Miriam Yolanda Canales colaboraba con el Gobierno de Estados Unidos como informante y que esa sospecha bastó para convertirla en un objetivo.

Según el expediente, Herlinda Ramos-Bobadilla y su hijo, Noé Montes Bobadilla, coordinaron el asesinato.

Ese día, incluso, Herlinda contactó a Devis Leonel Rivera Maradiaga para ayudar a localizar a la víctima después de que los sicarios perdieran de vista el vehículo de Miriam al pasar por un retén policial en Tocoa.

Con esa ayuda, los atacantes lograron ubicarla nuevamente en el salón de belleza y ejecutaron el ataque.

La acusación no afirma que Miriam fuera realmente una colaboradora de las autoridades estadounidenses; sostiene que la organización criminal creía que lo era y actuó bajo esa convicción.

Una organización que eliminaba amenazas

El mismo documento describe a los Montes Bobadilla como una estructura familiar dedicada al tráfico internacional de cocaína desde al menos 2006.

La red recibía cargamentos procedentes de Sudamérica por vía marítima y aérea, los trasladaba a través de Honduras y continuaba la ruta hacia Guatemala, México y Estados Unidos.

Los fiscales también sostienen que la organización negoció grandes cargamentos, administró millones de dólares, mantuvo personal armado para proteger los envíos y recurría a la violencia para garantizar el funcionamiento del negocio.

Además, afirman que realizó pagos a funcionarios públicos y financió asesinatos para proteger sus operaciones.

En ese contexto, la muerte de Miriam aparece en el expediente como una pieza más dentro de una estrategia de eliminar a cualquiera que la organización considerara un riesgo para su imperio criminal.

justicia
Herlinda Bobadilla compareció ante la justicia estadounidense por cargos relacionados con narcotráfico. En un documento presentado por fiscales ante la Corte del Distrito Este de Virginia, se le señala de haber coordinado el asesinato de Miriam Yolanda Canales. Foto rediseño TuNota.

El espejo donde terminó una sospecha

Miriam Yolanda Canales regresó a Honduras para visitar a su familia, entró a un salón de belleza pensando en un cambio de imagen antes de volver a Estados Unidos, pero nunca salió con vida.

Durante años, su asesinato quedó envuelto en incertidumbre y hoy, un expediente de la justicia estadounidense plantea una versión.

Según los fiscales, bastó con que los Montes Bobadilla creyeran que cruzó la línea de la lealtad para que nueve disparos sellaran su destino.

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