El nuevo Gobierno no parte de cero en infraestructura. Al asumir funciones, recibirá de la Secretaría de Infraestructura y Transporte (SIT) una mora de L 281 millones en pagos a contratistas y 1,800 obras en distintas fases de ejecución.
Este es un panorama que condiciona las primeras decisiones de la administración entrante.
Las cifras fueron presentadas por autoridades salientes de la SIT como parte del cierre de gestión, en un intento por dejar constancia de los compromisos financieros aún vigentes y del volumen de proyectos que quedan en curso.
Aunque desde la institución se insiste en que la transición se realiza con “mesa limpia”, los números muestran que el relevo llega con obligaciones concretas que no admiten pausa.
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Nuevo Gobierno y una mora con contratistas
La mora de L 281 millones corresponde a pagos pendientes con empresas constructoras que ejecutaron obras bajo contratos vigentes.
Este monto, aunque menor al de otros cierres de gobierno, representa un desafío inmediato para la nueva administración, que deberá decidir cómo y cuándo honrar esos compromisos sin frenar la ejecución de nuevos proyectos.
Para el sector constructor, estos atrasos no son solo cifras contables: impactan en empleo, continuidad de obras y en la capacidad de las empresas para sostener operaciones, especialmente en proyectos de caminos productivos y obras locales.
1,800 obras en curso: continuidad o reordenamiento
Más allá de la mora, la mayor carga heredada es el volumen de obras en ejecución. Según la SIT, alrededor de 1,800 proyectos quedan abiertos, desde intervenciones viales y caminos rurales hasta obras de mayor escala.
Estas obras no están paralizadas, pero sí requieren decisiones estratégicas: cuáles continúan, cuáles se priorizan y cuáles deberán ser reprogramadas según disponibilidad presupuestaria.
El riesgo, advierten analistas del sector público, es que sin una planificación clara, muchos proyectos queden atrapados entre trámites administrativos y falta de recursos.

Hospitales y proyectos sociales en la lista pendiente
Dentro del paquete heredado figuran proyectos hospitalarios considerados estratégicos.
Algunos centros ya fueron entregados, mientras otros cuentan con contratos y presupuesto asignado, pero aún no están plenamente operativos.
Para las comunidades, estos proyectos representan más que infraestructura: son promesas de acceso a salud, empleo local y dinamización económica.
Su continuidad será una de las primeras pruebas para el nuevo Gobierno, que deberá demostrar capacidad de gestión sin detener servicios esenciales.
¿Mesa limpia?
Desde la administración saliente, el mensaje oficial es que la SIT deja procesos ordenados y sin compromisos ocultos.
Sin embargo, la herencia de mora y obras abiertas muestra que la “mesa limpia” no implica ausencia de responsabilidades, sino una transición condicionada por decisiones heredadas.
El nuevo Gobierno deberá equilibrar el pago de obligaciones pendientes con la necesidad de mantener activo el ritmo de inversión pública, en un contexto fiscal limitado y con alta expectativa ciudadana.
Más allá del discurso, L 281 millones en mora y 1,800 obras definen el punto de partida real del nuevo Gobierno en infraestructura.
No es una hoja en blanco, sino un tablero ya avanzado, con piezas en movimiento y decisiones urgentes.
La diferencia no la marcarán las cifras heredadas, sino la capacidad de convertir esa herencia en obras terminadas, pagos saldados y proyectos que realmente lleguen a las comunidades.
Ahí estará el verdadero balance de la transición.
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