En el mapa de Honduras existe un caserío casi invisible llamado Buenos Aires, pertenece a Jocón, Yoro, y está compuesto por apenas seis casas habitadas por una misma familia. De esa recóndita montaña, donde no había escuelas, luz eléctrica ni carreteras, salió un niño que hoy es uno de los rostros más respetados del periodismo televisivo nacional.
En el marco del Día del Periodista Hondureño, tunota.com rinde homenaje a la profesión a través de la conmovedora historia de Orlin Josué Martínez Almendares, un hombre que no solo sobrevivió a la pobreza de su infancia, sino que supo levantarse con dignidad tras haber quedado literalmente con los brazos vacíos durante las devastadoras tormentas Eta e Iota, en el 2020.

Un camino descalzo y un maestro inolvidable
El idilio de Orlin con la comunicación comenzó en el monte. Siendo apenas un niño de 10 años, cuidaba milpas y recolectaba café llevando siempre una radio colgada al cuello. Escuchaba con profunda admiración las voces de Henry Marvin Cabrera o el recordado Alfredo Villatoro.
"Siempre tuve ese amor por la comunicación", confesó.
Por la situación económica, su educación formal comenzó tarde. Su primera maestra fue su hermana, quien le enseñó el abecedario. Para asistir a la escuela, Orlin caminaba diariamente una hora y media a pie descalzo por senderos de tierra.

Al terminar el sexto grado, el destino parecía sentenciarlo a quedarse labrando la tierra junto a su padre, don Isabel Martínez. Sin embargo, un ángel apareció en su camino: el profesor Héctor Gámez.
"El profesor llegó de sorpresa a buscar a mi papá a la milpa. Fue a convencerlo de que me pusiera en el colegio. Yo quería estudiar solo por vivir la experiencia, por saber cómo era un colegio", relata Orlin con profunda gratitud.

A los 17 años, para estudiar el ciclo básico en el pueblo de Jocón, Orlin viajó durante meses en bicicleta y a pie en jornadas de más de dos horas.
Su excelencia académica le valió una beca por tres años, y su espíritu indomable lo empujó a mudarse a Olanchito para estudiar Administración de Empresas, enfrentando el hambre y la falta de un techo fijo.
Estudiaba bajo los postes de luz pública cuando no había dinero para comprar velas, alojándose en casas de tíos o amigos que, conmovidos por su nobleza, lo adoptaron como a un hijo.
De vender agua a las pantallas de televisión
En 2005, Orlin se graduó y decidió migrar a San Pedro Sula con una maleta llena de ilusiones, pero la realidad urbana fue dura. Trabajó en tiendas de ropa, hoteles y como bombero en una estación de gasolinera. Ningún salario le alcanzaba para costear su verdadero sueño: la carrera de Periodismo en la universidad.
Fue entonces cuando un amigo le propuso un trabajo que cambiaría su vida, aunque al principio le causó dudas: vender agua purificada en una mototaxi de tres ruedas.
"Bajo las temperaturas infernales de San Pedro Sula, yo recorría en esa moto las colonias más peligrosas: la Planeta, la Rivera Hernández. Trabajaba hasta las 2:00 de la tarde y a las 3:00 me iba corriendo a la universidad. Llegaba totalmente quemado por el sol a las aulas, pero con la firme convicción de que iba a graduarme", recordó con orgullo.
Su humildad y su incansable ética de trabajo llamaron la atención de periodistas como Nahum Marín y Nelson Melgar, quienes abogaron por él para abrirle las puertas en VTV.
Ahí comenzó desde el turno de la noche, ganando un salario mínimo pero inmensamente feliz porque sus padres, allá en el monte de Yoro, por fin podían verlo en la televisión.
Su talento y valentía lo llevaron en 2016 a dar el gran salto a Televicentro (TVC), la cumbre de la televisión nacional, de la mano de Edgardo Melgar en el noticiero Hoy Mismo.

Perdió todo en Eta e Iota
La madurez periodística de Orlin Martínez se forjó en las coberturas más complejas del Valle de Sula, pero ninguna prueba fue tan desgarradora como la llegada de los huracanes Eta e Iota en 2020.

Mientras informaba al país sobre el desbordamiento de los caudalosos ríos Chamelecón y Ulúa, Orlin presintió el peligro. Vivía en la colonia Celeo González junto a su hija, quien en ese entonces tenía 10 años. Tras terminar una transmisión en vivo a las 9:00 de la noche, corrió entre calles ya inundadas para rescatar a su pequeña.
Pasaron la noche durmiendo dentro del carro en el parque central de San Pedro Sula. Al creer que la amenaza había mermado, regresaron a la vivienda en la madrugada. A las 5:00 de la mañana, los gritos de los vecinos lo despertaron. El agua avanzaba como un monstruo destructor.
"Solo alcancé a agarrar un pantalón y a cargar a mi hija en brazos. Dejé absolutamente todo: mis computadoras, mis pantallas, mis cámaras, los recuerdos de toda una vida. Salí corriendo con lo puesto. Diez minutos después de escapar, la colonia estaba completamente sepultada bajo el agua. Lo perdí todo, pero salvé a mi hija", recordó con la voz entrecortada.

A pesar de la tragedia personal, Orlin no dejó el micrófono. Con la ropa prestada y el dolor a cuestas, continuó reportando desde los techos y las lanchas, dándole voz a miles de sampedranos que, al igual que él, habían quedado en la indigencia.
"El sueño de un niño del monte que llegó a triunfar"
Hoy, a las puertas de cumplir una década en las pantallas de Televicentro, Orlin Martínez no olvida sus raíces. A la par de sus extenuantes jornadas periodísticas, está a solo dos períodos académicos de culminar su segunda carrera universitaria: la Licenciatura en Derecho. Ha logrado viajar, darle una educación bilingüe a su hija y, sobre todo, ganarse el respeto de toda una nación.

Al preguntarle qué significa para él portar un micrófono y un carné de prensa, el comunicador yoreño suspira y define su profesión con una frase que resume su existencia:
"El periodismo para mí es el sueño de un niño del monte que llegó a la ciudad para triunfar. Es estar en la primera fila donde pocos llegan. Siento un enorme orgullo cuando vuelvo al monte, miro la tierra y digo: 'De aquí salí, y logré llegar a donde estoy'".
Conmovido por la fecha Orlin aprovecho para aconsejar a quienesestudian esta noble carrera: "yo les digo que estudien, no se desanimen, no crean que las redes sociales quizás van a ser la panacea eterna. En algún momento se va a requerir de títulos universitarios".
Asimismo, felicitó a sus compañeros y colegas en el Día del Periodista:
"A mis colegas les guardo mucho respeto y pese a que soy un periodista que siempre trabaja más aislado del resto ( ... ) les aprecio mucho, valoro mucho lo que hacen. A mis colegas periodistas les guardo mucho precio, mucho respeto, he aprendido mucho de la generación avanzada y que los jóvenes tienen que aprender también y ser humildes", concluyó.
¡Feliz Día del Periodista a Orlin Martínez y a todos los comunicadores que, con el corazón en la mano, dignifican esta profesión en Honduras!
