“No quiero un cargo, no lo necesito, lo que quiero es sembrar la semilla de la esperanza”, dice Francisco Alguera. Su acento sigue siendo hondureño, aunque hace casi 41 años que vive en Estados Unidos. Allí se convirtió en emprendedor, en ejemplo de superación, y ahora también en un soñador colectivo que, junto con otros compatriotas, impulsa una propuesta política sin precedentes: el Partido Migrante Hondureño (PMH).

No quieren repetir las prácticas de siempre. No buscan candidaturas ni prebendas. Su único objetivo es ofrecer una alternativa limpia, comprometida y real para rescatar a Honduras de su letargo político y social. Quieren formar un partido que no nazca para robar, sino para devolver.

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No buscan cargos, buscan cambio

“Tenemos todo listo”, afirma Francisco Alguera. Un grupo de abogados los representa ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), donde solicitaron la inscripción del PMH.

Aún no hay respuesta, pero no se sorprenden. “Sabemos cómo funcionan las cosas en Honduras”, agrega con resignación, aunque sin perder la fe.

En el equipo que lidera esta iniciativa no hay aspirantes a diputados ni a alcaldes. “No nos interesa. Lo único que interesa es empoderar a hombres y mujeres honestos en Honduras”, insiste. Porque para ellos, el poder solo vale si se usa para servir.

Un movimiento con acciones reales

Mientras esperan el aval del CNE, los fundadores del PMH ya están actuando. Desde Estados Unidos conforman una red de empresarios hondureños, con el objetivo de promover inversiones que beneficien directamente a sus comunidades de origen.

Una de sus apuestas más concretas es la “Caja de Ahorro del Migrante”, una iniciativa ya legalizada y con un año de funcionamiento.

La oficina central está en La Masica, Atlántida, y se proyecta abrir sucursales en Bonito Oriental, Comayagua y Choluteca. No es discurso, son acciones.

Y sueñan en grande. “Queremos construir la Plaza del Migrante entre Tela y La Ceiba”, adelanta Francisco.

Un espacio físico que refleje el aporte de los migrantes, su visión de país, su deseo de volver no con maletas, sino con proyectos.

Francisco Alguera junto a varios migrantes hondureños
Francisco Alguera junto a varios migrantes hondureños promueven este partido para marcar la diferencia, asegura. Foto: PMH.

Conciencia y unidad

El Partido Migrante Hondureño no responde a ideologías cerradas ni a banderas partidarias.

Es un movimiento de conciencia. “Sabemos que los migrantes somos de todos los colores, y eso nos da fuerza”, comenta Francisco.

Por eso avanzan poco a poco, convencidos de que, con el tiempo, los hondureños entenderán que esta opción es distinta. Que no quiere ser parte del sistema, sino transformarlo.

La política desde la diáspora

Mientras el CNE responde o no a su solicitud, el PMH se prepara para participar en las elecciones de 2025.

Su carta fuerte es el economista y académico Nelson Ávila, un rostro conocido que representa conocimiento y experiencia.

Si no los inscriben, están listos para formar una alianza. Las conversaciones ya comenzaron, aunque por ahora no revelan con quién.

Francisco Alguera recorre Honduras cada mes. Ya encabezó la recolección de firmas para inscribir el partido.

Para junio, iniciará una gira por Estados Unidos, junto a Ávila, que empezará en Texas y terminará en Louisiana. La diáspora se está organizando.

El país de los sueños y el deber de devolver

Francisco sabe de lo que habla. Migró desde Tela, Atlántida, y en Estados Unidos se formó, estudió Negocios y emprendió.

Hoy es parte de una red que agrupa más de 600 negocios hondureños en ese país. “Aquí se abren los ojos, se aprende a soñar”, dice. Pero esos sueños, asegura, deben regresar a su origen.

“No venimos a robar ni a vivir del pueblo. No somos eso. Queremos ayudar a desarrollar Honduras”, recalca. Porque para él y los suyos, no basta con triunfar afuera sino también adentro, en casa.

Un comienzo

El Partido Migrante Hondureño aún no tiene personería jurídica, pero ya tiene alma, propósito y acciones.

Su sola existencia es una bofetada a la política tradicional. Es un movimiento que nace de la experiencia, del trabajo, de los que saben lo que cuesta salir adelante.

No quieren puestos. Quieren que el país avance. Que los jóvenes tengan futuro sin cruzar fronteras, que el campo produzca, que la educación valga, que la política sea para servir, no para enriquecerse.

La esperanza viene del norte, pero su corazón late por Honduras. Si el CNE los deja participar, podrían marcar una verdadera diferencia.

Si no, seguirán, porque para ellos rendirse no es opción. Ya sembraron la semilla. Ahora solo falta que el país les dé tierra fértil para crecer.