José Virgilio Sánchez Montoya, alias “Pechocho”, volvió a aparecer en las noticias tras ser identificado como uno de los tres integrantes de la Pandilla 18 asesinados por asfixia el 18 de febrero de 2024, en la cárcel de Támara.

Pero su nombre ya cargaba una historia oscura: la de un pandillero condenado a más de 500 años de prisión por participar en la masacre de 17 personas en una zapatería de San Pedro Sula, que años después fue encontrado libre, armado y operando en la calle.

A alias “Pechocho” lo capturaron por primera vez a finales de 2010, luego de vincularlo como uno de los participantes en la masacre ocurrida en septiembre de ese año.

En agosto de 2013 reconoció su culpabilidad y lo condenaron a más de 500 años de cárcel.

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"El Pechocho" y la captura que destapó el escándalo

Según los registros penitenciarios, a “Pechocho” lo trasladaron a mediados de 2016 a la cárcel de máxima seguridad de Ilama, Santa Bárbara, conocida como “El Pozo”.

Hasta entonces, su vida parecía sepultada tras los muros del sistema penitenciario. Sin embargo, todo cambió el 28 de mayo de 201.

Ese día fue cuando en un operativo en la colonia Jardines del Valle, en San Pedro Sula, terminó con la captura de varios pandilleros.

Entre los detenidos apareció un nombre imposible: José Virgilio Sánchez Montoya, el mismo “Pechocho” que supuestamente estaba preso desde 2010 y que, según la versión oficial, permanecía recluido en El Pozo desde 2016.

La captura abrió una pregunta incómoda: ¿cómo un reo condenado a más de 500 años de prisión estaba libre, armado con un AK-47 y operando en una de las zonas más conocidas de San Pedro Sula?.

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El 27 de mayo de 2017, 'el Pechocho' fue recapturado en una operación contra pandillas en San Pedro Sula. Foto: redes sociales.

Un doble pagando la condena

A partir de ese momento estalló un escándalo que salpicó al sistema penitenciario y a las autoridades de seguridad.

Las investigaciones revelaron que otro reo usurpó la identidad de “Pechocho”, ingresó a prisión con su nombre y permitió que el verdadero condenado saliera a la calle para continuar con su vida delictiva.

El caso mostró una grieta profunda: no solo una posible suplantación de identidad, sino la sospecha de complicidad, corrupción o una cadena de negligencias dentro del sistema penitenciario.

La pregunta que no se respondió

Las autoridades nunca presentaron un informe completo que explicara cómo ocurrió el intercambio de identidad ni quién permitió que un condenado por una de las peores masacres de San Pedro Sula estuviera libre.

En su momento, representantes del Instituto Nacional Penitenciario insistieron en que “Pechocho” nunca salió de El Pozo y hablaron inicialmente de una posible confusión de identidad.

También advirtieron que algunos delincuentes intercambiaban nombres y alias con personas de características físicas similares para evadir la cárcel y seguir delinquiendo fuera de ella.

Pero si eso ocurrió en el caso de “Pechocho”, la conclusión fue aún más grave: incluso una cárcel de máxima seguridad como El Pozo pudo ser vulnerable a fraudes internos, suplantaciones y maniobras criminales.

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La primera vez que fue detenido "El Pechcho" fue en el 2010 por la masacre de la zapatería en San Pedro Sula. Foto: cortesía.

El sistema penitenciario en duda

La historia de alias “Pechocho” dejó al descubierto una de las mayores vergüenzas del sistema penitenciario hondureño.

Era un condenado por una masacre que estaba oficialmente preso, pero en realidad otro hombre entró a pagar su condena.

Su muerte en Támara cerró la vida de un pandillero marcado por la violencia, pero no cerró las dudas que dejó su caso.

Porque la pregunta de fondo sigue intacta: ¿quién permitió que “Pechocho” saliera de la cárcel sin que el Estado lo notara, o sin que quisiera notarlo?

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