Hay silencios que duran meses, otros, años y el de Fabio Lobo ha sido uno de esos que, cuando se rompe, deja consecuencias.
Desde que lo detuvieron en Haití en 2015 y trasladaron a Estados Unidos por un caso de narcotráfico, el hijo del expresidente Porfirio “Pepe” Lobo Sosa prácticamente desapareció de la conversación pública hondureña.
Pero hubo tres momentos en los que volvió a levantar la voz y ninguno pasó inadvertido.
La primera vez lloró y pidió perdón; la segunda, colocó a su propio padre en medio de uno de los testimonios más incómodos escuchados por la familia Lobo.
Ahora, en su tercera gran aparición pública, habló de algo que parecía inevitable después de abandonar prisión: su regreso a Honduras.
La respuesta fue contundente: por ahora, no vuelve. No porque cerrara la puerta al país donde nació, sino porque sabe que al cruzarla podría encontrarse con los procesos judiciales que todavía lo esperan.
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Fabio Lobo lloró frente a la jueza que decidiría su futuro
Era el mes de septiembre de 2017 y Fabio Lobo estaba frente a la jueza Lorna Gail Schofield, en la Corte del Distrito Sur de Nueva York.
Ya no era aquel hombre que se movía bajo la sombra del poder político de su apellido. Era un acusado esperando conocer cuánto tiempo de su vida permanecería detrás de las rejas.
Cuando recibió la oportunidad de hablar, leyó una carta y lloró.
“Primeramente pido perdón a los Estados Unidos por mi error, pido perdón al pueblo de Honduras, a mi madre, a mi padre, que no tuvo nada que ver con todo esto”, expresó.
También pidió perdón a sus hijas y a su esposa. Su argumento se sostuvo alrededor de una palabra: error.
Dijo que confió en personas equivocadas, que buscó un beneficio propio y que, pese a haber tenido oportunidades y consejos de sus padres, tomó decisiones que destruyeron la tranquilidad de su familia.
“Fallé a toda mi familia sin necesidad, pues tuve todo en la vida”, reconoció. Después vino la súplica.
Pidió una pena mínima para regresar con sus hijas, que entonces tenían cinco, 13 y 17 años.
“Júzgueme a mí, Fabio Lobo, por mi error”, dijo antes de recordarle a la jueza que llevaba años separado de su familia.
Aquella fue probablemente la declaración más vulnerable conocida hasta entonces del hijo del expresidente, pero años después vendría otra y sería mucho más explosiva.

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Del perdón a señalar a su propio padre
En 2024, Fabio Lobo volvió a aparecer públicamente. Esta vez desde el estrado de uno de los juicios que más atención concentró en Honduras: el proceso contra el expresidente Juan Orlando Hernández en Nueva York.
Fabio compareció como testigo y cuando comenzó a responder preguntas de la Fiscalía, el apellido Lobo volvió a quedar en el centro de la tormenta.
Durante su declaración aseguró que su padre, el expresidente Porfirio Lobo, conocía algunas de sus actividades vinculadas al narcotráfico.
La Fiscalía le preguntó directamente si su padre estuvo involucrado alguna vez en discusiones relacionadas con el lavado de dinero de Los Cachiros.
“Sí”, contestó Fabio. Y agregó que su padre habría recibido una contribución de campaña a cambio de protección.
La declaración cruzó rápidamente de Nueva York a Honduras, pero el golpe más fuerte probablemente ocurrió dentro de su propia familia.

“Falsedades y traiciones”: el terremoto dentro de los Lobo
Gaby Alemán, exesposa de Fabio Lobo, reaccionó públicamente y en una publicación de Facebook recurrió incluso a pasajes bíblicos para cuestionar lo que consideró “falsedades y traiciones”.
Su mensaje dejó ver que la declaración judicial no era solamente un asunto de narcotráfico, fiscales y tribunales.
Era también una fractura familiar. Alemán defendió al expresidente Lobo, a quien describió como un hombre respetable y un excelente abuelo.
Mientras, cuestionó las consecuencias que las declaraciones de Fabio podían tener sobre su imagen y el legado de la familia.
Su hermano, Jorge Lobo, también reaccionó. Según expresó entonces, las declaraciones de Fabio eran producto de los ofrecimientos que, a su criterio, recibiría de la Fiscalía estadounidense.
Por primera vez, el hombre que años antes pidió ante una jueza que juzgaran únicamente sus propios errores colocó públicamente bajo cuestionamiento a su padre.
Y ese episodio no quedó enterrado en el tribunal. Dos años después, Fabio volvió a hablar.
Admite que todavía no puede regresar a Honduras
La tercera sacudida llegó desde un escenario completamente diferente, no hubo juez, tampoco jurado, ni interrogatorio de fiscales.
Fue durante un podcast del productor hondureño Víctor Freq donde Fabio Lobo habló de su presente, de su familia y de una pregunta inevitable: ¿volverá a Honduras?
Su respuesta reveló que el capítulo judicial no ha terminado.
“Tengo procesos pendientes en Honduras por lavado de activos. Tengo una orden de captura en Honduras, una en el 2015 y otra en el 2019”, aseguró.
Fabio dejó abierta la posibilidad de regresar algún día, pero condicionó ese retorno a enfrentar primero su situación judicial.
“Algún día, si Dios me permite y me da la oportunidad, ir a Honduras una vez que yo enfrente el proceso legal en mi país”.
La frase cambia el significado de su eventual regreso, después de años preso en Estados Unidos, volver a Honduras no significaría únicamente regresar a casa.
También implicaría mirar de frente los expedientes que, según él mismo reconoce, siguen pendientes.
“Saben el riesgo si llego a Honduras”
Fabio Lobo reveló además otro elemento. Según contó, las autoridades estadounidenses conocen los riesgos que implicaría su retorno.
“El Gobierno de Estados Unidos y los fiscales saben el problema o riesgo si llego a Honduras y me dieron la oportunidad de quedarme acá en Estados Unidos”, aseguró.
No profundizó públicamente, en las declaraciones citadas, sobre la naturaleza concreta de ese riesgo.
Pero la frase expone una realidad que parece perseguirlo incluso después de salir de prisión: su libertad no significó automáticamente volver a Honduras.

Una familia golpeada una y otra vez
En el podcast, Fabio habló de su padre, ya no desde el banquillo de un tribunal ni respondiendo preguntas de fiscales, sino desde el peso de los acontecimientos que atravesaron a los Lobo durante los últimos años.
“Lo que le ha pasado a mi familia, mi papá ha sido un hombre muy fuerte. Lo que le pasó a mi hermano, lo que me pasó a mí, lo que le pasó a la esposa, ha sido muy duro para el hombre”.
Y entonces apareció una frase mucho más sencilla: “En realidad, a veces, no crea, yo pienso en mi familia”.
Han pasado más de diez años desde aquella captura de 2015 y en ese tiempo, Fabio Lobo pasó de ser hijo de un expresidente a un condenado por narcotráfico en Estados Unidos.
Pasó del hombre que lloró pidiendo una oportunidad para regresar con sus hijas al testigo que pronunció acusaciones capaces de estremecer a su propia familia.
Ahora está fuera de prisión, pero Honduras es una puerta que no puede cruzar con facilidad.
La primera vez que habló pidió perdón, la segunda, sus palabras golpearon directamente a su padre.
Y la tercera, dejó claro algo todavía más incómodo: cumplir cuentas en Estados Unidos no significó que sus cuentas con Honduras quedaran saldadas.
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