En Centroamérica no hay una guerra declarada, tampoco hay trincheras o bombardeos. Sin embargo, para cientos de periodistas, ejercer su profesión se convirtió en una actividad cada vez más peligrosa.
Las amenazas ya no llegan únicamente desde el crimen organizado, aparecen desde el poder político, los tribunales, las campañas de desprestigio y la precariedad económica que obliga a muchos a abandonar las salas de redacción.
La advertencia la lanzó la directora de la Red Centroamericana de Periodistas (RCP), Angélica Cárcamo, quien sostiene que la región atraviesa un retroceso crítico para el ejercicio de la prensa.
Un ejercicio que lo marca la persecución, la criminalización, los asesinatos y el exilio. Lo más preocupante, advierte, es que este deterioro ocurre en países que oficialmente no están inmersos en conflictos armados.
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Periodistas, libertad de prensa, un terreno cada vez más hostil
Los indicadores internacionales reflejan el deterioro, según la clasificación más reciente de Reporteros Sin Fronteras (RSF), Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala figuran entre los países centroamericanos con peores condiciones para el ejercicio periodístico.
Esos números muestran una realidad más dura: periodistas vigilados, procesos judiciales cuestionados, amenazas constantes y un creciente temor a investigar temas relacionados con corrupción, crimen organizado o abusos de poder.
Para Cárcamo, el avance de tendencias autoritarias en varios países de la región ha contribuido a crear un entorno donde informar puede convertirse en una actividad de alto riesgo.

El exilio se convierte en refugio
Uno de los rostros más visibles de esta crisis es el exilio, advierten que más de 300 periodistas nicaragüenses abandonaron su país durante los últimos años.
Muchos buscaron inicialmente refugio en Costa Rica, pero el clima de inseguridad y las amenazas llevaron a algunos a trasladarse incluso a Europa.
En El Salvador, la Red Centroamericana de Periodistas documenta al menos 53 comunicadores que decidieron abandonar el país como medida de protección.
La consecuencia no es únicamente la pérdida de talento periodístico, es que implica el debilitamiento de medios independientes, la reducción de espacios de fiscalización y la desaparición de voces críticas dentro de las democracias centroamericanas.
Muchos de los periodistas que salen de sus países enfrentan otro obstáculo: reconstruir su vida profesional en el extranjero.
Algunos logran continuar ejerciendo, mientras otros abandonan definitivamente la profesión ante las dificultades migratorias y económicas.
Honduras y la deuda pendiente con la protección a periodistas
En Honduras, la situación continúa generando preocupación entre organizaciones defensoras de la libertad de expresión.
Aunque existían expectativas de avances en materia de protección para comunicadores, las denuncias sobre amenazas, agresiones e impunidad siguen presentes.
Uno de los casos recientes que sacudió al gremio fue el asesinato del periodista salvadoreño Javier Hércules, ocurrido en Santa Rosa de Copán, hace un año.
Para organizaciones regionales, el problema no se limita a los crímenes, también preocupa la falta de resultados contundentes en las investigaciones y el elevado nivel de impunidad que rodea los ataques contra periodistas.
Cada caso sin resolver envía un mensaje inquietante: informar es una actividad vulnerable.

Guatemala, Nicaragua y los símbolos de la persecución
En Guatemala, el caso del periodista José Rubén Zamora es uno de los ejemplos emblemáticos de las tensiones entre poder político y libertad de prensa.
Mientras tanto, en Nicaragua, la presión sobre medios independientes provocó el cierre de espacios informativos.
También, el exilio masivo de comunicadores y la transformación del periodismo en una actividad que muchos realizan desde fuera de sus fronteras.
Cuando callan a un periodista, pierde toda la sociedad
Los ataques contra periodistas rara vez afectan únicamente a las víctimas directas, cada comunicador obligado a exiliarse.
Hay reporteros asesinados, profesionales que abandonan la profesión y es una pérdida para la sociedad que deja de recibir información.
Centroamérica aunque no vive una guerra convencional, cientos de periodistas trabajan bajo condiciones de miedo, incertidumbre, amenazas y desplazamiento forzado.
La región no está expulsando solamente periodistas, expulsa a quienes se encargan de contar las historias que muchos preferirían mantener ocultas.
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