Una pregunta bastó para que alguien de la casa se acercara a la ventana: ¿Habrá clases mañana? En la vivienda de Gracia María Medina Bonilla se podía conocer la respuesta porque su madre tenía una cafetería en la escuela pública de la colonia Los Pinos y en aquellos días las protestas alteraron las jornadas educativas.

La familia creyó que quien estaba afuera realmente buscaba información, pero no buscaba clases, buscaba que alguien abriera.

Era la noche del 4 de junio de 2019 y, detrás de aquella pregunta aparentemente inocente, esperaba un sicario.

Cuando la ventana se abrió, del otro lado estaba Gracia María, y el hombre disparó.

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El sicario llegó caminando a la casa de Gracia María Medina

No hubo un vehículo estacionado frente a la vivienda ni una irrupción violenta que advirtiera lo que estaba por ocurrir.

Según la información conocida entonces, el sicario llegó a pie hasta la casa ubicada en el sector A de la colonia Los Pinos, en Tegucigalpa.

Eran aproximadamente las 10:00 de la noche. El hombre primero preguntó por las clases de la escuela pública del sector.

La consulta tenía sentido para quienes estaban dentro de la vivienda, ese pequeño dato de la rutina familiar fue la puerta de entrada del atacante.

Desde la vivienda abrieron una ventana que daba hacia el patio, próximo a la calle y el desconocido consiguió lo que necesitaba.

Esperó que alguien apareciera y disparó a quemarropa, después escapó de la misma manera en que llegó: caminando.

el ataque
La noche del 4 de junio de 2019, un sicario llegó hasta la vivienda de Gracia María Medina Bonilla, en la colonia Los Pinos de Tegucigalpa, y usó una pregunta sobre las clases para lograr que desde la casa abrieran una ventana. Foto: redes sociales.

La estudiante detrás de la ventana

Los disparos alcanzaron a Gracia María Medina Bonilla, de 30 años, y su familia pasó en segundos de responder una pregunta sobre clases a intentar salvarle la vida.

A la joven la trasladaron de emergencia al Hospital Escuela en estado grave, pero los esfuerzos no fueron suficientes. Murió poco después.

Gracia María estudiaba Educación Física en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) y se encontraba avanzada en la carrera.

Pero su vínculo con el deporte no terminó en las aulas.

La universitaria que entrenaba a niñas en fútbol

En Los Pinos la conocían también porque dedicó parte de su tiempo a entrenar a niñas de la colonia en fútbol.

Para hacerlo utilizó un espacio deportivo facilitado por una universidad privada de la zona.

Vecinos dijeron entonces que Gracia María no tenía problemas conocidos en el sector y que participaba en actividades colectivas de la comunidad.

Por eso, mientras su familia comenzaba a despedirla, otra pregunta empezó a rodear el crimen: ¿Por qué alguien llegó específicamente hasta aquella casa y utilizó una excusa para conseguir que se acercaran a la ventana?

La escena mostró algo particularmente inquietante: el atacante no disparó al azar desde la calle. Llegó, preguntó, esperó y atacó cuando tuvo a una persona frente a él.

estudiante universitaria
Gracia María Medina Bonilla estaba avanzada en la carrera de Educación Física en la UNAH y también entrenaba a niñas de Los Pinos en fútbol. Su vida estaba ligada a las aulas, el deporte y su comunidad. Foto diseño IA.

Una pregunta convertida en trampa

Agentes de Inspecciones Oculares de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) llegaron posteriormente a la vivienda para buscar huellas, casquillos y cualquier evidencia que permitiera reconstruir los movimientos del atacante.

El cuerpo de Gracia María lo traladaron del Hospital Escuela, hacia Medicina Forense para la autopsia.

Después vino el entierro y a la estudiante de Educación Física la sepultaron en el cementerio Jerusalén, acompañada por familiares y personas que llegaron para despedirla.

La joven pasó de las aulas universitarias y las canchas donde entrenó a niñas a convertirse en víctima de un ataque cuidadosamente ejecutado.

Siete años después, el crimen conserva un detalle difícil de olvidar: un hombre que no derribó una puerta para acercarse a la víctima.

Le bastó una pregunta para conseguir que una familia confiara, abriera una ventana y dejara a Gracia María frente al sicario que llegó hasta Los Pinos.

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