Ni los barrotes ni una condena fueron suficientes para frenar la influencia de Pedro Armando Aguilar Orellana.
Electo por el partido Alianza Patriótica y ahora interno en Támara, el exalcalde de San Marcos, Santa Bárbara, orquestó desde su celda con llamadas telefónicas como arma, un esquema de corrupción que drenó millones del presupuesto municipal.
Las investigaciones de la Fiscalía Especial para la Transparencia y Combate a la Corrupción Pública (FETCCOP), con apoyo de la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC) y la Policía Militar del Orden Público, revelan que Aguilar no perdió el control un solo día.
Sus órdenes, transmitidas desde prisión, se ejecutaron con precisión en la municipalidad.
Todo esto gracias a un equipo leal que garantizó que el flujo de dinero ilícito no se detuviera.
Pedro Aguilar y el engranaje del robo
La estructura incluía a altos funcionarios: tesorera, auditora, contadora, jefa de personal y hasta figuras políticas en activo.
Entre ellos, Jesús Alberto Hernández Soliz, jefe de Desarrollo Municipal y candidato a alcalde por el Partido Liberal, y Sandra Perdomo Castillo, regidora y pareja sentimental de Aguilar.
El mecanismo era tan calculado como descarado: manipulación de documentos, pagos irregulares, contratos inflados y sobornos a cambio de adjudicar obras sobrevaloradas.
Con ese dinero, según el Ministerio Público, se compraron dos vehículos de lujo, una vivienda, armas de fuego y mochilas para supuestos proyectos sociales que nunca llegaron a la población.
Corrupción con mando a distancia
Pese a estar encarcelado y sin facultades legales, Aguilar mantenía el control político y administrativo de la comuna como si siguiera en el cargo.
Los delitos imputados: usurpación de funciones, asociación para delinquir, lavado de activos y malversación de caudales públicos.
Esos ilícitos muestran la amplitud del entramado y la capacidad de la corrupción para adaptarse a cualquier circunstancia.
Cada movimiento financiero pasó por la aprobación del exalcalde, evidenció un modelo de poder paralelo que burló las barreras judiciales y administrativas.
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Un golpe que deja heridas
Para San Marcos, la captura de los involucrados es un paso hacia la rendición de cuentas, pero el daño causado no se cura con rapidez.
Los millones desviados por Pedro Aguilar, representan escuelas, calles y programas sociales que nunca se materializaron.
Este caso se suma a la lista de escándalos que demuestran que, en Honduras, la cárcel no siempre rompe los tentáculos de la corrupción.
A veces, solo cambia el lugar desde donde se ejerce el poder.
