Lo que comenzó como un ejemplo de "rehabilitación" fue una de las historias que mejor retratan el ciclo de violencia de la Pandilla 18. Olvin Reynaldo Arriaga Baca, alias "Porking", salió de prisión gracias a un beneficio de libertad condicional por su supuesto buen comportamiento en 2014.
Apenas seis días después asesinó a dos niños y una década más tarde, ya nuevamente tras las rejas, participó en el asesinato de tres de los propios líderes de la estructura criminal a la que pertenecía.
Su expediente demuestra que, para algunos miembros de las pandillas, la cárcel no representa el final de su actividad criminal, sino una pausa antes de volver a matar.
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Porking: el reo modelo que convenció a la justicia
A Olvin Reynaldo Arriaga Baca lo condenaron en noviembre de 2003 a 16 años de prisión por facilitación de local para el tráfico ilícito de drogas, asociación ilícita y portación ilegal de armas.
Su historial parecía suficiente para permanecer tras las rejas hasta octubre de 2017. Sin embargo, el sistema penitenciario presentó otra imagen de él.
Durante su permanencia en la Penitenciaría Nacional de Támara lo consideraron un "reo modelo".
Su defensa argumentó que mantuvo buen comportamiento y cumplida las tres cuartas partes de la condena, reunía los requisitos para acceder al beneficio de libertad condicional.
El Juzgado de Ejecución aceptó la solicitud y el 21 de abril de 2014, Porking recuperó la libertad. Seis días bastaron para que volviera a aparecer en otro expediente por asesinato.

Dos niños que se negaron a servir a la pandilla
El 27 de abril de 2014 asesinaron a Anthony Osmán Castellanos Raudales, de 13 años, y Luis Edgardo Hernández, de 12, ambos residentes de la colonia La Pradera.
De acuerdo con el requerimiento fiscal, a los menores los raptaron integrantes de la Pandilla 18 y los llevaron hasta una vivienda de la colonia Perpetuo Socorro.
Allí permanecieron atados de manos y pies mientras eran torturados. La investigación sostiene que fue Porking quien posteriormente sacó a los dos niños de la vivienda.
Porking, los introdujo en la cajuela de un Toyota Corolla color verde y condujo hasta las cañeras ubicadas en la 33 calle, cerca del Estadio Olímpico de San Pedro Sula.
En ese lugar les disparó en la cabeza, los ejecutaron por negarse a seguir trabajando como "punteros" para la pandilla.
Según la Policía, la orden del crimen había sido emitida desde el presidio de San Pedro Sula.
El primer expediente
La carrera criminal de Porking comenzó mucho antes, el 18 de octubre de 2001 lo capturaron en una cuartería del barrio Guayabal, en Choloma, junto con otro joven de 16 años.
La Policía llegó tras recibir una denuncia sobre dos hombres armados que permanecían dentro del inmueble.
Durante el operativo se le decomisó un fusil AK-47, una pistola calibre .38, dos cargadores con 50 proyectiles y 43.94 gramos de marihuana.
Ese caso terminó con una condena que años después le permitiría solicitar el beneficio de libertad condicional.
La pandilla terminó matando a sus propios líderes
El tiempo demostraría que la violencia de Porking no terminó con el asesinato de los dos menores.
En 2025, la Fiscalía Especial de Delitos Contra la Vida logró una condena en juicio oral y público contra Porking y otros integrantes de la Pandilla 18 por el asesinato de Norlin Alcides Ardón Varela, alias "Lucifer"; Mario René Díaz Gómez, alias "Cuervo"; y José Virgilio Sánchez Montoya, alias "Pechocho", considerados líderes de esa estructura criminal.
Las investigaciones establecieron que el 18 de febrero de 2024 a los tres reclusos los sacaron junto con el resto de privados de libertad del módulo Alfa para realizar labores de limpieza y recreación.
Ese momento fue cuidadosamente esperado por los agresores y según la Fiscalía, los acusados ejecutaron un plan y sometieron a las víctimas hasta provocarles la muerte por asfixia mediante estrangulamiento.
El Ministerio Público concluyó que el crimen respondió a disputas internas dentro de la propia Pandilla 18.
Tanto Porking y los otros condenados estaban inconformes con decisiones adoptadas por quienes ejercían el liderazgo de la organización y decidieron eliminarlos.

Una estructura criminal que termina devorándose a sí misma
La historia de Porking refleja dos de las caras más violentas de las pandillas. Primero ejecutó a dos niños porque se negaron a seguir colaborando con la organización.
Años después ayudó a asesinar a tres hombres que, hasta entonces, representaban la máxima autoridad dentro de la misma estructura criminal.
El caso también deja otra lección: el calificativo de "reo modelo" nunca significó que hubiera roto sus vínculos con la Pandilla 18.
Su salida anticipada de prisión la siguió un doble asesinato que conmocionó al país, y su regreso a la cárcel terminó con una nueva condena por participar en un ajuste de cuentas entre los propios integrantes de la organización.
En la historia criminal de Porking, la violencia nunca distinguió entre enemigos externos o compañeros de pandilla.
Quienes un día compartieron la misma estructura fueron víctimas de un criminal que obedeció una sola lógica: la de matar cuando la organización lo exigía o cuando el poder dentro de ella cambió de manos.
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