Las declaraciones de la fiscal general de Estados Unidos, Pamela Jo Bondi, desataron un choque diplomático y mediático. Bondi aseguró que Honduras recibía pagos por permitir vuelos clandestinos del narco, cargados de cocaína hacia suelo estadounidense,
Pero las Fuerzas Armadas rechazaron las acusaciones y defendieron que Honduras “se convirtió en un territorio hostil y de presión permanente sobre las redes del narcotráfico”.
Aseguran que los números reflejan una lucha constante y que la soberanía nacional se defiende con acciones, no con discursos.
Las cifras de la guerra contra el narco
Los datos de la institución militar buscan blindar la imagen del país frente a las críticas. En tres años y medio, refieren que Honduras decomisó 37,226 kilos de cocaína, erradicado casi 15 millones de arbustos de coca.
Además dicen que destruyeron 83 laboratorios artesanales, desmantelaron 21 pistas clandestinas de aterrizaje y confiscaron más de 1,700 armas de fuego.
A ello se suman bienes incautados que superan los 36 millones de lempiras, cifras que, según las autoridades, demuestran que el territorio no se alquila a los carteles.

Reconocimientos frente a las críticas
Las FF. AA. también subrayan que su lucha no es aislada. El 25 de julio, el contralmirante Jeffrey K. Randall, comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial del Sur en Cayo Hueso, envió una carta al comandante de la Fuerza Naval de Honduras, Austacil Hagarín Tomé Flores, para destacar la eficacia de las operaciones de interdicción.
"Hay una coordinación internacional con Estados Unidos, Colombia, México, Nicaragua, Belice, Islas Caimán y Guatemala y es clave", dijo un agente de inteligencia.
Los patrullajes aéreos, marítimos y terrestres deja a Honduras en un punto de resistencia frente al narco, refiere el ente castrense, contrario a la versión que circula en Washington.
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¿Puente aéreo o territorio hostil?
El dilema está planteado: para Estados Unidos, Honduras sigue siendo un puente del narco en el traslado de cocaína hacia el norte; para las Fuerzas Armadas, el país se erige en un muro de cocaína con decomisos y operativos que dificultan el negocio ilícito.
La distancia entre ambas narrativas refleja la magnitud de la disputa. Mientras en Washington se habla de complicidad, en Tegucigalpa se muestran cifras y cartas de reconocimiento.
El contraste alimenta la duda internacional: ¿es Honduras un aliado real en la lucha antidroga o un corredor estratégico que aún no logra romper con el estigma?
En el fondo, la lucha no es solo contra los carteles, sino por la credibilidad de un país marcado por el narco.
La batalla de Honduras no se libra únicamente en pistas clandestinas, mares turbulentos o laboratorios ocultos, sino también en el terreno de la percepción internacional.
Si las cifras alcanzan para borrar la etiqueta de puente del narco, aún está por verse. Lo cierto es que Honduras enfrenta un doble reto: golpear al crimen organizado y convencer al mundo de que ya no es parte de la ruta, sino un obstáculo real para el tráfico de cocaína.
