A más de 15 años del golpe de Estado en Honduras, el asesinato de Isy Obed Murillo, un joven de 19 años, sigue siendo uno de los crímenes más emblemáticos de la confrontación que marcó esa época.

Uno de los grandes dilemas aún por resolver es saber ¿Quién le disparó?

El 5 de julio de 2009, durante una manifestación multitudinaria en el aeropuerto de Tegucigalpa, Murillo perdió la vida tras recibir un disparo en la cabeza mientras intentaba dar la bienvenida al presidente Manuel Zelaya, quien había sido derrocado días antes por militares.

A pesar de las investigaciones llevadas a cabo por la Fiscalía Especial de Derechos Humanos y las diligencias realizadas para esclarecer los hechos, el Estado hondureño ha tenido dificultades para identificar al responsable del disparo fatal.

Un desenlace pendiente

Según el gobierno, la situación caótica de aquel día, con miles de personas en las calles y la presencia de militares, hace imposible determinar con certeza quién fue el autor del fatal disparo.

La versión oficial del Estado sostiene que el crimen ocurrió en un contexto confuso y que, por lo tanto, no se puede responsabilizar directamente a las fuerzas de seguridad.

Se argumenta que la bala podría haber sido disparada desde la misma manifestación, complicando aún más las investigaciones.

Incluso en una comparecencia en el programa de debates 30/30, el general (r) Romeo Vásquez Velásquez acusó que la bala asesina salió de los mismos manifestantes.

Sin embargo, diversos testimonios y organizaciones de derechos humanos sostienen que las fuerzas militares fueron responsables de la represión, incluida la muerte de Murillo, y denuncian la falta de avances en la justicia.

A pesar de la dilación en las investigaciones, familiares, activistas y defensores de derechos humanos insisten en que la verdad debe ser conocida y que los responsables deben rendir cuentas ante la justicia.

Este domingo, agentes de la Dirección Policial Anti Maras y Pandillas Contra el Crimen Organizado (Dipampco), capturó al general en condición de retiro, Romeo Vásquez Velásquez, junto a otros exoficiales de las FF. AA., de Honduras por suponerlos responsables de ese asesinato.

Actualmente, el caso sigue siendo una herida abierta en la historia política de Honduras.