Hay lugares donde para encontrar una escultura hay que entrar a un museo, en Quimistán, Santa Bárbara, algunas comienzan a formar parte de las calles, los parques y del paisaje cotidiano de quienes viven allí.
Durante un mes, enormes bloques de mármol dejaron de ser solamente piedra y cinco escultores hondureños los golpearon, cortaron y pulieron hasta arrancarles formas que ahora permanecerán instaladas en la Villa de Pinalejo.
Y allí está lo interesante, las piezas no se crearon para terminar guardadas después de una exposición ni para viajar a una colección privada.
Se concibieron para quedarse y convertir al municipio en un espacio donde el arte monumental se encuentral al caminar por sus áreas públicas.
Es una apuesta con la que Quimistán busca tallar algo más ambicioso que esculturas: una identidad capaz de atraer visitantes.
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Mármol de Quimistán convertido en arte
La materia prima tiene una conexión directa con el territorio, los bloques que utilizaron los artistas se extrajeron localmente.
Y pasaron a manos de los escultores participantes del II Simposio Nacional de Esculturas en Mármol “Quimistán: Valle, Montaña y Cardamomo”.
Durante semanas ocurrió la transformación y donde inicialmente había enormes piezas de piedra blanca comenzaron a aparecer formas inspiradas en la historia, el paisaje y la identidad.
El resultado puede verse ahora en Pinalejo: cinco obras monumentales quedaron instaladas permanentemente para que las familias del municipio convivan con ellas.
Pero también con la intención de provocar algo fuera de sus límites: que otras personas quieran llegar a conocerlas.

La apuesta por una galería sin paredes
La idea detrás de las esculturas rompe con la imagen tradicional del arte encerrado entre cuatro paredes.
Aquí no habrá que comprar una entrada ni atravesar la puerta de un museo para encontrarlas.
Las piezas estarán en espacios públicos y pasarán a mezclarse con la rutina del municipio, ese detalle convierte el proyecto en algo más que un encuentro de escultores.
El turismo aparece entonces como la siguiente pieza que Quimistán intenta tallar y la apuesta es que quien llegue atraído por las esculturas también conozca Pinalejo, recorra la zona, consuma productos locales y descubra el paisaje que sirvió de inspiración a quienes trabajaron el mármol.

Cinco escultores dejaron su huella en Pinalejo
El encuentro organizado por el Movimiento Internacional de Escultores La Roca reunió durante un mes a cinco escultores hondureños.
Esta segunda edición fue dedicada al artista hondureño José Gabriel Zaldívar, como reconocimiento a su trayectoria y aporte al arte y la cultura del país.
Pero el verdadero legado del encuentro está en las piezas que permanecerán expuestas.

De la montaña a las calles
Ese quizá sea el mayor valor de lo ocurrido: Quimistán comienza a construir con esculturas una postal diferente de sí mismo.
No pretende competir con los grandes museos ni esconder sus obras detrás de vitrinas. Su apuesta está en lo contrario: dejarlas afuera, integrarlas al pueblo y permitir que el visitante se acerque a ellas.
Porque después de un mes de cinceles, polvo y mármol, el simposio terminó, pero las esculturas, en cambio, apenas comienzan su historia.
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