Durante años, en muchas colonias, aldeas y corredores estratégicos de Honduras, la violencia dejó de ser un episodio aislado para convertirse en una forma de vida marcada por el miedo.

Hay territorios donde las reglas no las impone el Estado, sino estructuras criminales que controlan el silencio, el cobro de extorsión, el movimiento de personas y hasta la convivencia diaria de las comunidades.

Ese escenario es el que, según Migdonia Ayestas, Honduras necesita desmontar si realmente busca reducir la violencia que sigue golpeando al país.

La coordinadora del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (OV-UNAH) sostuvo que la estrategia de seguridad debe enfocarse en desarticular el dominio territorial que ejercen maras, pandillas, bandas criminales y redes ligadas al narcotráfico en distintas zonas del país.

“Creo que tres puntos que hay que desarticular, desmantelar, es el control que tienen las maras y las pandillas, las bandas criminales y el narcotráfico en muchas zonas controladas. Y eso va a ser importante, el control a la criminalidad organizada, a la extorsión, a la delincuencia común”, expresó.

De interés: MS-13 y Pandilla 18: dos poderes, dos reglas en guerra constante

Violencia: zonas donde el crimen impone las reglas

El planteamiento de Ayestas surge en un contexto donde las autoridades mantienen operaciones contra estructuras criminales que durante años lograron expandir influencia en regiones estratégicas de Honduras.

Uno de los casos más recientes es el de la estructura conocida como “El Cártel del Diablo”.

Esta estructura la señalan las autoridades como una organización con fuerte presencia en sectores montañosos y corredores utilizados para actividades ilícitas.

Para Ayestas, el combate al crimen no puede quedarse únicamente en operativos, capturas o despliegues policiales.

La investigadora advirtió que uno de los mayores problemas del país sigue siendo la impunidad.

“De nada sirve que la Policía Nacional haga su parte en frenar, controlar, disuadir o reaccionar ante los delitos, si cuando investiga, captura, no se interpone acción penal y no se desarrolla esa judicialización, nos da un índice de impunidad bastante alto que es necesario avanzar”, señaló.

territorios

Transformar patrones criminales

Más allá de las operaciones policiales, Ayestas insistió en que Honduras necesita transformar patrones culturales que normalizan la violencia desde el entorno familiar y comunitario.

"La participación de la sociedad civil resulta clave para desmontar estructuras sociales y patriarcales que reproducen conductas violentas y exclusión", dijo.

También planteó que el Estado debe ofrecer oportunidades reales para quienes terminan involucrados en delitos comunes, especialmente jóvenes que crecen en entornos marcados por pobreza, exclusión y presencia criminal.

“La no violencia” —dijo— debe construirse desde las familias, las comunidades y las iglesias, que permita recuperar la convivencia pacífica.

Lo dijo

Recuperar el territorio perdido

La advertencia de Ayestas ocurre en momentos en que Honduras enfrenta desafíos relacionados con extorsión, homicidios y estructuras criminales en distintas regiones del país.

Aunque las autoridades resaltan recientes golpes contra estructuras criminales, especialistas advierten que el mayor desafío aún es recuperar los territorios dominados por el crimen organizado.

En muchas zonas del país, las redes delictivas lograron imponer sus propias reglas ante la débil presencia del Estado.

Mientras existan zonas donde la población tenga miedo de denunciar y las estructuras armadas controlen, la violencia encontrará espacio para reorganizarse.

En territorios marcados por la impunidad, donde la justicia no logra imponerse, el crimen continúa fortaleciendo su presencia.

Lea también: Yoro sitiado por guerra narco entre 'Los Mojados' y el cártel 'El Diablo'