En un rincón abarrotado de la estación migratoria en Ciudad Juárez, Carla, una joven madre hondureña, revisa los documentos que le podrían permitir encontrar refugio y quedarse en México.

Como miles de sus compatriotas, su travesía hacia Estados Unidos se truncó con las políticas de cierre de fronteras y el desmantelamiento de programas clave bajo el mandato de Donald Trump. Ahora, su única esperanza es reconstruir su vida al sur de la frontera estadounidense.

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Un refugio en México

Las políticas de Donald Trump marcan un punto de inflexión en la migración hacia Estados Unidos.

Políticas como el endurecimiento de los controles fronterizos, la construcción del muro y la cancelación del programa CBP One dejaron a miles de migrantes, principalmente centroamericanos, atrapados en México.

Solo en 2023, se alcanzó un récord de 140,720 solicitudes de refugio, un salto exponencial frente a las 8,791 registradas en 2016.

Hondureños, cubanos, venezolanos, haitianos y salvadoreños encabezan estas solicitudes, buscando una solución ante la imposibilidad de cruzar hacia el norte.

“La cancelación de CBP One dejó a 270,000 migrantes varados, obligándolos a buscar alternativas legales en México”, explica Andrés Ramírez Silva, exfuncionario de ACNUR.

Políticas de Trump

La reinstauración del programa ‘Quédate en México’, obliga a los solicitantes de asilo a permanecer en territorio mexicano.

Esto genera tensiones crecientes en las ciudades fronterizas. Tijuana, Ciudad Juárez y Tapachula, ciudades que enfrentan una presión sin precedentes, con albergues desbordados y una creciente desesperación entre los migrantes.

“Las políticas actuales no solo son extremas, sino que están diseñadas para cerrar cualquier posibilidad de asilo. Esto crea un cuello de botella en México que dificulta la movilidad de las personas hacia su destino final”, afirma Ramírez Silva.

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Fuente: COMAR México.

El desafío mexicano ante el éxodo migrante

México, que desde 2013 reconoce como refugiados a más de 141,000 personas, enfrenta serias limitaciones.

La Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) atraviesa un periodo de debilitamiento institucional, con recortes presupuestarios y falta de liderazgo.

Para muchos, sin embargo, México sigue siendo un salvavidas. Desde el segundo periodo de Barack Obama hasta el actual mandato de Trump, las solicitudes de refugio en el país se han multiplicado casi 30 veces.

Los hondureños representan un porcentaje significativo de los reconocimientos como refugiados o beneficiarios de protección complementaria.

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Un futuro incierto

Mientras Estados Unidos refuerza sus fronteras con tropas y aviones militares, la presión migratoria en México no muestra signos de disminuir.

Sin el respaldo necesario, los sistemas de atención y refugio en ese país corren el riesgo de colapsar, dejando a miles de familias en una situación de incertidumbre extrema.

Carla, como muchos otros migrantes, enfrenta un camino incierto. En sus ojos se refleja la lucha de quienes ven en México no solo un lugar de tránsito, sino un posible hogar.

Mientras tanto, las políticas migratorias endurecidas en Estados Unidos y las limitaciones de México configuran una crisis que, lejos de resolverse, seguirá marcando la vida de millones.

¿Será México capaz de sostener el peso de la esperanza de tantos migrantes? El tiempo, y las decisiones políticas, tienen la respuesta.

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