La imagen del Parlamento Centroamericano (Parlacen) como símbolo de unidad regional enfrenta una crisis de percepción.

A lo largo de los últimos años, el ingreso de exfuncionarios centroamericanos que han sido señalados en delitos como corrupción y narcotráfico encienden un debate complejo.

¿Se convirtió este organismo en una herramienta legítima de integración o en un espacio que aprovechan para blindarse judicialmente?

Parlacen: ¿protección institucional o escudo personal?

Para la abogada y consultora en derecho constitucional, Karla Salazar, el fuero parlamentario es una figura válida dentro del ejercicio legislativo, pero su aplicación se desvirtúa cuando se interpreta como un medio para evitar rendir cuentas.

“El problema no es el fuero en sí, sino el uso político que se le da. El Parlacen lo aprovechan algunos exfuncionarios que buscan resguardo temporal”, señala.

Uno de los casos más notorios en Honduras es el del expresidente Juan Orlando Hernández, a quien juramentaron de forma virtual en enero de 2022 como diputado del Parlacen, a pocos días de dejar el poder.

Poco después, lo capturaron y extraditaron a Estados Unidos, donde lo condenaron por narcotráfico.

En ese caso, explica la abogada, el fuero no impidió su proceso judicial, ya que en Honduras los legisladores no gozan de inmunidad.

Casos que alimentan la controversia

Para Luis Pineda, analista político guatemalteco, el problema está en que el Parlacen carece de una normativa regional uniforme sobre la inmunidad parlamentaria.

“La figura del fuero se aplica según el país de origen del parlamentario, lo cual genera disparidades e interpretaciones que pueden facilitar su uso estratégico”, explica.

Casos como el de los hermanos Ricardo y Luis Enrique Martinelli Linares, hijos del expresidente panameño Ricardo Martinelli, avivaron las críticas cuando los juramentaron como diputados suplentes en agosto de 2023.

Pese a enfrentar procesos judiciales en Estados Unidos, su llegada al Parlamento la vieron algunos sectores como un intento de recuperar inmunidad en su país.

Otro ejemplo es el de Freddy Arnoldo Salazar Flores, legislador guatemalteco que Estados Unidos sancionó por presuntamente colaborar con el cartel de Los Huistas.

Según el Departamento del Tesoro, Salazar facilitó transporte de cocaína en representación de esa organización que vinculan a cárteles mexicanos.

¿Cuál es el verdadero rol del Parlacen?

El Parlamento Centroamericano se concibió como un espacio de diálogo político, integración regional y fortalecimiento de la democracia.

Sin embargo, su estructura y funcionamiento se cuestionan por su limitada capacidad legislativa y por la falta de mecanismos efectivos de control ético.

El Parlacen no legisla en términos vinculantes, ni tiene poder ejecutivo. "Es un foro consultivo con un presupuesto considerable y una estructura burocrática poco efectiva en la práctica”, comenta Mauricio Chinchilla, investigador en política regional con sede en Costa Rica.

Desde su creación en 1991, el Parlacen enfrenta señalamientos sobre su utilidad real. Países como Costa Rica nunca se integraron, mientras que otros, como Panamá, debaten incluso su retiro.

Las críticas apuntan al gasto, la escasa producción normativa y el bajo impacto en políticas regionales.

¿Reformar o suprimir? Las voces encontradas

Algunos sectores proponen una reforma profunda que limite los abusos del fuero, establezca mayores requisitos de ingreso y fortalezca los mecanismos de ética parlamentaria.

Otros, en cambio, abogan por su eliminación. “Lo que debe revisarse no es solo quién ingresa, sino qué impacto tiene su trabajo", sostienen analistas.

Y la abogada Salazar se pregunta: ¿Qué resoluciones del Parlacen transforman la realidad centroamericana? Si no hay respuestas claras, se debilita la legitimidad del organismo”, sostiene.

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Entre la integración y la impunidad

Más que cuestionar individualmente a los miembros del Parlacen, el debate gira en torno al diseño mismo de la institución.

La recurrencia con la que exfuncionarios que investigan o sancionan buscan formar parte de este órgano pone bajo lupa su estructura jurídica y política.

Hoy, el desafío del Parlacen no es solo mejorar su imagen, sino redefinir su propósito. ¿Será una herramienta de integración auténtica o un espacio que, en manos equivocadas, puede perpetuar la impunidad?