En San Pedro Sula, el miedo ya no vive solo en la periferia. Toca con fuerza el corazón de colonias residenciales, donde la aparente calma se rompe por una oleada de robos que parece no tener freno.
El relato se repite en la colonia Trejo, en Villa Florencia, en Dubón y en Río de Piedras: hombres armados, con información precisa, irrumpen en las casas, someten al personal doméstico, saquean joyas, electrodomésticos, dinero y desaparecen sin dejar rastro.
Solo las cámaras de seguridad narran lo que ocurrió. Desde junio, los robos se volvieron más frecuentes y violentos.
En los videos, los rostros no se ocultan. Tampoco hay apuro. Los ladrones actúan con tal seguridad que parece que supieran que nadie los va a detener.
Robos: un patrón que alarma
En la colonia Trejo, las calles parecen tener toque de queda no declarado. Las aceras vacías y la ausencia de patrullas policiales hacen sentir que la ciudad se abandonó a su suerte.
Solo algunos guardias privados, mal equipados, intentan brindar una falsa sensación de seguridad.
“La Policía aquí no aparece, y si lo hace, es por un par de horas cuando ya todo pasó”, dice un vecino que prefiere no dar su nombre por temor.
Él, como muchos, vive solo con su esposa. Salen a trabajar temprano y regresan al caer la noche, siempre con la incertidumbre de si su casa estará intacta.
En Villa Florencia, otro testimonio se suma: cámaras vecinales captaron a dos jóvenes merodeando las casas, forzando rejas, tanteando puertas.
Una vecina relató que los intentos de robo se volvieron semanales. “Antes eran hechos aislados, ahora es una rutina. Ya nadie duerme tranquilo”.

Sin respuestas de la policía
La denuncia más constante es la misma: la falta de patrullajes. Mientras los robos aumentan, la presencia policial es prácticamente inexistente.
Los residentes aseguran que, cuando llaman al 911, la respuesta llega tarde o simplemente no llega.
Esa ausencia de reacción alimenta otra preocupación: muchos creen que las bandas responsables tienen acceso a información interna.
Aseguran que los maleantes saben cuándo las casas están solas, que conocen los horarios de los propietarios. Sospechas difíciles de probar, pero imposibles de ignorar.
Un clamor por soluciones reales
Para la comunidad, los operativos policiales que se anuncian en conferencias de prensa son puramente “cosméticos”. En la práctica, nada cambia.
“Queremos acciones de verdad, queremos patrullas, queremos ver policías en las calles, no solo oírlos en la televisión”, dice un habitante de Río de Piedras.
El problema, dice otro vecino, no es solo la delincuencia. “El problema es que estamos solos. La Policía no está aquí. Y cuando eso pasa, todo se desmorona”.
Inseguridad
San Pedro Sula vive una nueva fase de su inseguridad. Ya no se trata solo de violencia en zonas históricamente conflictivas. Ahora el peligro se instaló dentro de barrios que antes eran sinónimo de tranquilidad.
La ciudad parece dividida entre quienes se encierran tras rejas eléctricas y quienes ya ni con eso se sienten seguros.
Los robos dejaron de ser noticia aislada para convertirse en el pan de cada día en estas colonias.
Y mientras las autoridades no tomen cartas reales en el asunto, la impunidad seguirá pavimentando el camino para los asaltantes.
Un camino que cada vez más pasa por el umbral de hogares vulnerables, abandonados por un sistema que prometió protegerlos.
