Jaime Montecinos es uno de los tres sacerdotes nicaragüenses que fueron desterrados en octubre de 2023 por el régimen de Daniel Ortega.
Montecinos pasó cinco meses en prisión antes de que lo desterraran en octubre de 2023. A pesar de la persecución, hoy lidera la parroquia San Isidro Labrador, en el municipio de Güinope, en el oriente de Honduras.
Su historia es la de un hombre que, tras ser privado de su libertad, fue recibido con los brazos abiertos por una comunidad que comparte su fe y solidaridad.
Fernando Calero, también exiliado, es ahora vicario de la parroquia Santa María de Suyapa, en Danlí, también en la zona oriental.
En diciembre de 2023 fue detenido mientras realizaba labores pastorales en Matagalpa, una de las regiones más golpeadas por la represión religiosa en Nicaragua.
Por su parte, José Miguel Figueroa, antiguo párroco de la iglesia Nuestra Señora de los Desamparados, en El Viejo, Chinandega, fue asignado como párroco de San Lucas Evangelista, en San Antonio de Flores, en una ceremonia presidida por el obispo de Danlí.
Persecución y destierro
El destierro de los sacerdotes no fue un hecho aislado. Durante 2023 y 2024 fueron forzados a abandonar Nicaragua 154 religiosos.
Muchos de ellos formaban parte de la dócil, pero firme, oposición eclesiástica al régimen de Ortega y Murillo, que los acusó de conspirar contra el Estado.
Al padre Montecinos lo detuvieron el 23 de mayo de 2023 en la Villa Chagüeitillo, Matagalpa.
Su encarcelamiento desató indignación y movilizaciones discretas de feligreses que clamaban por su libertad. Junto a otros 11 sacerdotes, fue enviado a Roma, desde donde posteriormente llegó a Honduras.
Fernando Calero enfrentó un destino similar. Su arresto, ocurrido el 28 de diciembre de 2023, conmocionó a la comunidad de Rancho Grande, Matagalpa, donde servía en la parroquia Nuestra Señora de Fátima.

Honduras: un nuevo hogar para la misión pastoral
El obispo José Antonio Canales, de la diócesis de Danlí, ha sido clave en la acogida de estos sacerdotes.
“La iglesia no abandona a sus pastores, y Honduras es tierra de hospitalidad”, declaró Canales durante la ceremonia de investidura del padre Figueroa el 4 de enero de 2025.
Esta bienvenida refleja un gesto de solidaridad transfronteriza. Las parroquias de Güinope, San Antonio de Flores y Danlí recibieron a los sacerdotes con muestras de afecto y gratitud.
Las comunidades hondureñas ven en ellos no solo líderes religiosos, sino símbolos de resistencia ante la injusticia.
El eco de Nicaragua
Aunque estén a kilómetros de distancia, los sacerdotes nicaragüenses continúan siendo una voz para sus comunidades de origen.
La feligresía nicaragüense exiliada encuentra en ellos un punto de reunión espiritual, manteniendo viva la conexión con su país.
El padre Montecinos, durante su primera misa en Güinope, dedicó palabras a sus compatriotas: “Aunque nos separen las fronteras, el corazón de la iglesia sigue latiendo por Nicaragua”.
Los padres Montecinos, Figueroa y Calero representan una iglesia que, aunque perseguida, se rehúsa a ser silenciada.
Sus historias de destierro y acogida en Honduras son testimonio de que la fe, cuando es verdadera, encuentra siempre un camino para seguir adelante.
Mientras continúan su labor pastoral, sus voces resuenan como un recordatorio de que la justicia y la dignidad no tienen fronteras.
