La mañana del 19 de agosto de 2015 parecía una más en la aldea El Perico, en Villanueva, Cortés.

Ese día, Leandro Perdomo Machado, un niño de apenas cinco años, salió de casa acompañado por su tía para llevar unos comestibles a otro familiar que residía en la comunidad de El Capulín.

Era un recorrido corto, un mandado familiar que no parecía representar ningún peligro. Sin embargo, aquel trayecto se convirtió en una de las tragedias más dolorosas registradas en la zona.

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Leandro y el encuentro que lo cambió todo

De acuerdo con las investigaciones, tía y sobrino caminaban por el sector conocido como puente El Manguito cuando los interceptó Benito Castellanos, un joven conocido por la familia.

La mujer no sospechó que corría peligro. Según relató posteriormente a sus familiares, el hombre conversó con ella antes de intentar llevarla por la fuerza hacia un matorral.

Cuando ella se resistió, la atacó con un machete y las heridas fueron tan graves que quedó tendida entre la maleza, mientras el agresor continuó con el ataque.

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Benito Castellanos el hombre que fue condenado por el crimen a una pena de 33 años. Foto: Policía Nacional.

El niño quedó atrapado en la violencia

Las investigaciones establecieron que, después de herir a la mujer, el atacante dirigió la agresión contra el pequeño Leandro.

El niño recibió múltiples heridas con un machete, su cuerpo lo hallaron posteriormente en una poza de agua ubicada bajo una caja puente del sector.

Según la reconstrucción del caso, el menor intentó escapar durante el ataque, pero no logró sobrevivir.

El auxilio llegó demasiado tarde

Aproximadamente media hora después del ataque, varias personas que transitaban por la zona observaron algo extraño en el agua.

Al acercarse descubrieron el cuerpo del niño y escucharon los gritos de auxilio de la mujer herida entre los matorrales.

Los testigos alertaron a las autoridades y poco después una ambulancia de la Cruz Roja trasladó a la tía al Hospital Mario Catarino Rivas de San Pedro Sula. La mujer sobrevivió a las heridas.

Los datos

El último abrazo

Entre los relatos que surgieron tras el crimen, uno quedó grabado en la memoria de la familia.

Denis Perdomo, padre del menor, contó que antes de salir de casa su hijo lo abrazó y le dijo que regresaría temprano.

Aquellas fueron las últimas palabras que escuchó de él. Leandro era estudiante del centro educativo de la aldea El Perico y, según sus familiares, era un niño alegre y cercano a sus padres.

Captura y condena

Dos días después del crimen, las autoridades capturaron a Benito Castellanos en la misma aldea donde ocurrieron los hechos.

Las investigaciones concluyeron que el hombre había intentado abusar sexualmente de la tía del menor y que posteriormente la atacó con un machete. También fue responsabilizado por la muerte del niño.

Años después, un tribunal hondureño lo condenó a 20 años de prisión por el asesinato de Leandro Perdomo Machado.

Además, recibió una pena de 13 años y ocho meses por el delito de asesinato en su grado de ejecución de tentativa en perjuicio de la tía de Leandro. La condena superó los 33 años de cárcel.

Once años después

Con el paso del tiempo, numerosos casos criminales ocuparon los titulares en Honduras.

Sin embargo, el asesinato de Leandro Perdomo permanece como uno de esos episodios difíciles de olvidar para quienes conocieron la historia.

Todo comenzó con un simple mandado familiar en un camino rural de Villanueva y lo que debía ser una visita breve fue una tragedia que le arrebató la vida a un niño de apenas cinco años.

Además, dejó una huella imborrable en una familia que aún recuerda aquella mañana en la que Leandro salió de casa y nunca regresó.

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