A simple vista, era un salón más, un rótulo, sillas, espejos y la promesa de cortes o uñas. Pero en realidad, lo que se movía dentro de ese local, a pocos metros del mercado Inmaculada Concepción en Choluteca, no era belleza: era cocaína.

La fachada cayó tras un operativo de la Dirección Policial Anti Maras y Pandillas contra el Crimen Organizado (Dipampco), que culminó con la captura de una mujer conocida como “La Chela”, de 44 años, señalada como la responsable del punto de venta.

No fue un golpe al azar. Según la portavoz policial Yanisa Moradel, hubo seguimiento e inteligencia.

Durante días, los agentes observaron un comportamiento que no encajaba con un salón de belleza: no había clientas habituales ni movimiento típico del rubro.

Lo que sí había era flujo constante de personas que entraban y salían en cuestión de minutos.

“Nuestros agentes constataron que el lugar no era frecuentado para servicios de belleza, sino para adquirir alcaloides”, explicó Moradel.

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Cocaína, en un salón de belleza donde algo no cuadró

El local operaba en una zona estratégica: cerca de uno de los puntos más concurridos de la ciudad. Entre el ruido del mercado y el tránsito diario, el salón pasaba desapercibido.

Pero algo no cuadró, no había secadoras encendidas ni clientas esperando turno. El movimiento era rápido, discreto, casi mecánico; entrar, salir, sin más. Un patrón que terminó delatando el verdadero negocio.

cocaína
Foto recreada con IA.

Reincidencia y red criminal

“La Chela” no es nueva para las autoridades. De acuerdo con el Sistema Automatizado de Registro y Control de Casos (Nacmis), ya había sido detenida en al menos dos ocasiones por tráfico de drogas.

Además, la Policía la vincula con la banda criminal “El Pollo”, lo que apunta a una operación que va más allá de un punto aislado: una red que utiliza negocios cotidianos para mover cocaína sin levantar sospechas.

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Cuando lo cotidiano es la tapadera

El caso deja al descubierto un patrón que se repite: el narcomenudeo se infiltra en lo común.

No solo es un salón de belleza, las autoridades indican que hay pulperías, talleres o comedores que terminan convertidos en vitrinas para la venta de droga.

No hay grandes estructuras visibles, pero sí una lógica clara: esconderse donde nadie mira y persiste.

Y en Choluteca, esta vez, la vitrina era un salón de belleza que nunca fue lo que decía ser para vender cocaína.

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