La droga entra, cruza territorios, busca una salida y, en algunos lugares, deja una parte del cargamento en el camino.
El narcotráfico ya no representa únicamente grandes cargamentos que utilizan Honduras como puente hacia otros destinos: también crea una economía criminal que golpea directamente a decenas de municipios.
La Policía Nacional de Honduras (PNH) calcula que el 12% de los municipios del país está afectado por el tráfico de drogas.
Ya sea porque se encuentra sobre las rutas que usan las estructuras criminales y funciona como punto de entrada o salida o alberga a personas dedicadas a esta actividad.
Tomando como referencia los 298 municipios de Honduras, ese porcentaje equivaldría a alrededor de 36 municipios tocados de alguna manera por la dinámica de la narcoactividad.
Pero el problema no termina cuando el cargamento continúa su recorrido. Según la Policía, detrás del trasiego queda una economía que se mueve con dinero y también con droga, una parte que alimenta el mercado interno.
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Narcotráfico deja droga en el camino
El director general de la Policía Nacional, Rigoberto Oseguera Mass, describió una cadena que permite entender cómo una operación de narcotráfico puede repercutir en la violencia de una comunidad.
“Están en la ruta, están en la entrada, en la salida o están albergando a personas que están dedicadas a esta criminalidad”, explicó Oseguera al referirse a los municipios afectados.
Es precisamente alrededor de esos corredores donde, de acuerdo con el jefe policial, aparece una “economía criminal manifiesta”.
El dinero no sería la única moneda. “Es pago en dinero, pago en droga y su posterior afectación en el microtráfico”, señaló.
Ese último eslabón resulta especialmente preocupante para las autoridades. Parte de los estupefacientes que circulan alrededor del gran narcotráfico termina fragmentándose en cantidades menores para su distribución y venta dentro del país.
Así, una droga que inicialmente tenía a Honduras como territorio de tránsito puede acabar alimentando mercados locales.

Del gran cargamento a la venta en las calles
Para la Policía, la conexión entre ambas actividades tiene consecuencias que van mucho más allá del consumo y la comercialización de estupefacientes.
Oseguera sostiene que el microtráfico es el fenómeno criminal que más violencia letal genera actualmente en Honduras y lo vincula directamente con las estructuras mayores dedicadas al tráfico de drogas.
La disputa por territorios de venta, distribución y control convierte entonces parte de la economía de la droga en un problema de seguridad cotidiana.
Ya no se trata únicamente de toneladas moviéndose clandestinamente por costas, carreteras o zonas montañosas.
El último tramo ocurre mucho más cerca: en barrios y comunidades donde pequeñas cantidades cambian de manos y distintos grupos compiten por controlar su comercialización.
De esa manera, droga, dinero y violencia forman parte de una misma cadena criminal.

Más de cuatro toneladas de cocaína decomisadas en 2026
La dimensión del narcotráfico también puede observarse en los decomisos registrados durante 2026.
Hasta agosto, las fuerzas de seguridad hondureñas reportan la incautación de más de 4.2 toneladas de cocaína en diferentes operaciones desarrolladas en el territorio nacional.
Más de 3.1 toneladas las interceptaron durante las últimas semanas, lo que refleja una fuerte concentración de decomisos en un período relativamente corto.
Pero la ofensiva no limita a interceptar cargamentos terminados, las autoridades dirigen operaciones hacia lugares donde se cultiva y procesa coca dentro del territorio hondureño.

670 mil arbustos y 44 plantaciones intervenidas
Durante 2026, las fuerzas de seguridad reportan intervenciones en al menos 44 plantaciones de coca, principalmente en zonas de difícil acceso.
En esas operaciones se erradicaron más de 670,000 arbustos, mientras que otros operativos localizaron y destruyeron 10 laboratorios artesanales utilizados para procesar la hoja y producir pasta a base de coca.
Departamentos como Colón, Atlántida, Yoro y Olancho aparecen entre los territorios donde las autoridades han encontrado cultivos.
Los hallazgos muestran otra dimensión del problema: Honduras no enfrenta solamente cargamentos procedentes del exterior, sino también infraestructura instalada dentro de su propio territorio para sostener diferentes etapas del negocio.

Las rutas buscan nuevos caminos
Los decomisos realizados en lugares como Marcovia, Choluteca; Güinope, El Paraíso; y El Progreso, Yoro, muestran que las operaciones contra el narcotráfico ya no se concentran exclusivamente en la franja atlántica.
Las autoridades detectan movimientos por corredores marítimos y terrestres hacia otras regiones del país.
Mientras las estructuras criminales buscan alternativas para trasladar los cargamentos y reducir el riesgo de ser interceptadas, cada ruta, sin embargo, puede dejar algo más que la huella de una carga que pasó.
La advertencia de la Policía apunta precisamente hacia esa consecuencia interna: en parte de los territorios utilizados por el narcotráfico circula una economía criminal donde se paga con dinero, pero también con droga.
Y cuando esa droga se queda, se fragmenta y llega al microtráfico, el problema deja de ser únicamente el de un país utilizado como corredor.
Se convierte en una disputa mucho más cercana por mercados, territorios y ganancias que, según la propia Policía Nacional, está estrechamente relacionada con la violencia letal que golpea a Honduras.
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