La noche del sábado parecía ser una más para Edisson Erazo hondureño y su esposa en Manchester, New Hampshire.
Sin embargo, lo que comenzó como un viaje en auto terminó en una experiencia digna de una película de terror: cinco vehículos no oficiales lo rodearon, de ellos bajaron hombres enmascarados con chalecos que decían “policía”, y sin mostrar placas ni órdenes, lo acusaron de parecerse a alguien que buscaban.
“Estás frente a mí y aún crees que me parezco. ¿Puedo ver la foto?”, preguntó Erazo, sin obtener respuesta.
En su lugar, recibió una amenaza: “Te vamos a atrapar por las buenas o por las malas”, le soltó uno de los encapuchados.
El hondureño, que se ampara por el Estatus de Protección Temporal (TPS), no solo mantuvo la calma, sino que exigió sus derechos y cuestionó a los supuestos agentes.
Con su documentación en mano y el respaldo de su esposa, quien grabó todo desde el asiento del copiloto, Erazo se negó a ceder ante la intimidación.
Hondureño firme
La falta de identificación es una constante. Ninguno de los hombres mostró placas ni credenciales.
“Solo tenían mascarillas, chalecos y armas. ¿Cómo distinguir si son verdaderos agentes del ICE?”, preguntó la congresista Maggie Goodlander, demócrata de New Hampshire, quien escuchó a Erazo durante una vigilia por los derechos de los migrantes.
Para Eva Castillo, de la Alianza de NH para Inmigrantes y Refugiados, el comportamiento de los supuestos agentes es preocupante:
“Es común que se presenten así, sin identificarse. Pero lo de Edisson fue extremo”, comentaron.
La abogada de Erazo, Zoila Gómez, añadió que lo que lo salvó fue su temple y preparación.
“No abrió la ventana. Sabía qué decir. Domina el inglés, tiene su documentación en regla. Eso lo protegió”.
¿Operativos del ICE o bandas organizadas?
Los delincuentes rondan. Y no solo porque no hubo protocolo, sino porque en la oficina del ICE, adonde lo citaron verbalmente, no había ningún registro de cita.
“Váyase a casa”, le dijeron. Un agente revisó sus papeles, tomó fotos y le indicó que todo está “en orden”. Sin más.
Esto lo alertó. ¿Quiénes eran los hombres que lo interceptaron con equipo táctico y una palanca? ¿Bajo qué jurisdicción actuaron? ¿Cuántos operativos similares se ejecutan sin rastro?
Goodlander, quien impulsa la “Ley de No a la Policía Secreta” en el Congreso, alertó sobre estos hechos que se repiten en todo el estado.
“Personas enmascaradas, sin placas, dicen ser agentes. ¿Cómo puede confiar la comunidad migrante en un sistema así? Es una violación directa de los principios de justicia y transparencia”, afirmó.
Un acto de valor que revela una amenaza mayor
A pesar del miedo, Edisson Erazo se defendió. Lo hizo por él, por su esposa y por quienes no tienen las herramientas para enfrentar una situación similar.
Su historia no solo denuncia una agresión, sino que pone sobre la mesa una modalidad peligrosa que va en aumento: delincuentes que se hacen pasar por autoridades para extorsionar, amedrentar o incluso secuestrar a migrantes.
“Estoy orgullosa de cómo respondió”, dijo Eva Castillo. “No todos pueden hacerlo. Él sabía lo que debía hacer, y lo hizo con valentía”.
Vigilancia permanente
El caso de Erazo pudo terminar en tragedia. Su historia evidencia la urgencia de exigir que todo agente, verdadero o falso, esté plenamente identificado.
Que no haya espacio para que los delincuentes usen uniformes falsos y chalecos para sembrar terror entre quienes ya viven bajo constante amenaza.
La comunidad migrante merece seguridad, no emboscadas; claridad, no máscaras. Y la ley propuesta por Goodlander podría ser un primer paso para desmantelar esa peligrosa línea entre lo legal y lo criminal.
