Honduras tiene gente que se va en busca de trabajo. Al mismo tiempo, una de sus principales actividades productivas, el café necesita trabajadores que lleguen desde otro país.
La paradoja se encuentra entre las montañas donde se produce el café hondureño.
Durante la cosecha, trabajadores procedentes de Nicaragua cruzan la frontera para sumarse temporalmente al corte del grano.
El movimiento ya existe, ahora el desafío es convertirlo en una vía de migración laboral más ordenada, regular y segura.
De acuerdo al estudio Mapeo de la cadena de valor del café en Honduras, de la Organización Internacional del Trabajo, la producción de café representa el 5 por ciento del PIB total de Honduras, genera más empleos que cualquier otro sector y más divisas que cualquier otra actividad económica del país.
Se calcula que el sector del café genera en Honduras 1,1 millones de empleos (ya sean permanentes, temporales, directos o indirectos), proporcionando ingresos a unas 120 000 familias caficultoras y hasta 350 000 trabajadores permanentes, según el estudio efectuado entre noviembre de 2023 y febrero de 2024.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) documentó que Honduras trabaja en un mecanismo relacionado con la llegada temporal de trabajadores nicaragüenses para participar en la cosecha cafetalera.
El proceso busca conectar la necesidad de mano de obra de los productores con mecanismos legales para quienes cruzan una frontera específicamente para trabajar.
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El café necesita manos
La cosecha del café tiene una característica que explica parte de esta historia: durante determinados meses aumenta considerablemente la necesidad de trabajadores.
El grano debe recogerse cuando alcanza su punto adecuado de maduración y buena parte del proceso depende del trabajo manual.
Eso convierte la disponibilidad de cortadores en una pieza fundamental de la cosecha.
Mientras tanto, Honduras también es un país que lo marca la salida de población en busca de empleo e ingresos en otros territorios.
De acuerdo al informe Flujos migratorios, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, para el año 2023 la tasa de migración neta se estimó en -1.32 por cada 1 000 habitantes.
Ese mismo año el número de retornados fue de 56 172, un 0.06 % de la población. Emigraron más de los que retornaron y por eso el saldo es negativo.
El portal Datos Macros advierte que para el 2015 había unos 729,855 hondureños en el extranjero, un 7.90% de la población total; para el 2020 había subido a 985,077 personas, un 9.73%.
Otras fuentes estiman en más de 1 millón los hondureños en el extranjero en la actualidad, un 10% de la población total.
Así aparece una contradicción que en realidad retrata cómo cambia la movilidad laboral en la región.
Un país puede expulsar trabajadores y, simultáneamente, necesitar mano de obra extranjera para determinadas actividades y temporadas.

Nicaragua entra en la ecuación
Según la OIM, Honduras forma parte de un esfuerzo regional para fortalecer vías regulares de migración laboral.
El organismo estudió siete corredores entre ocho países: Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Panamá y República Dominicana.
En el caso hondureño, uno de los movimientos identificados está directamente relacionado con Nicaragua y el café.
La OIM señala que se trabaja en un mecanismo para facilitar la movilidad temporal de trabajadores nicaragüenses hacia Honduras durante la temporada cafetalera, involucrando a instituciones y actores del sector productivo.
El objetivo apunta a ordenar una dinámica laboral que ya atraviesa fronteras.
No solo pasa en Honduras
El fenómeno tampoco es exclusivamente hondureño, en Centroamérica, México y el Caribe existen trabajadores que cruzan fronteras.
Esto por la demanda laboral que aparece en un país mientras la mano de obra disponible se encuentra en otro.
Guatemaltecos se desplazan hacia mercados laborales de Belice y México, mientras entre Costa Rica y Panamá también existen movimientos de trabajadores.
La apuesta regional consiste en sustituir parte de esos desplazamientos informales por mecanismos previamente establecidos que permitan viajar, trabajar durante un período determinado y hacerlo bajo condiciones migratorias regulares.
Para julio de 2025, según la OIM, buena parte de los países involucrados avanzó en el diseño y negociación de esos mecanismos, aunque su aplicación a gran escala todavía era limitada.

Una migración que también llega
Durante décadas, la conversación hondureña sobre migración la dominaron quienes salen: las caravanas, las rutas hacia México y Estados Unidos, las deportaciones y las comunidades que pierden población.
Pero la cosecha cafetalera obliga a mirar la frontera en sentido contrario, hay trabajadores que también entran a Honduras en busca de ingresos.
Y lo hacen precisamente para sostener temporalmente una actividad que representa empleo, producción y exportaciones para el país.
Esto no significa que Honduras se quedó sin trabajadores ni que los nicaragüenses sustituyan automáticamente a los hondureños.
Expone algo más complejo: la oferta de trabajadores no siempre coincide con el lugar, el momento ni la actividad donde aparecen las oportunidades laborales.
De la frontera al cafetal
Convertir ese movimiento en una verdadera vía de migración laboral exige algo más que permitir el ingreso.
Implica definir requisitos migratorios, condiciones de contratación, protección de derechos laborales y responsabilidades para empleadores e instituciones.
Ese es precisamente uno de los desafíos señalados en los corredores laborales que analiza la OIM: pasar del diseño de mecanismos a una implementación capaz de funcionar a mayor escala.
Para Honduras, el café coloca esa discusión directamente sobre el terreno, porque mientras una parte de sus ciudadanos cruza fronteras para encontrar oportunidades, las fincas hondureñas necesitan trabajadores que hagan el recorrido contrario.
Unos salen de Honduras en busca de trabajo. Otros entran por la misma razón. Y en medio de esas dos rutas, el café evidencia que el trabajo cruza las fronteras de Centroamérica.
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