Cuando la familia de Ana Rebeca Ponce recibió la llamada, pensaron lo peor: otro de los muchos secuestros que afectan al país.
“La tenemos secuestrada”, les dijeron. Pidieron dinero, lloraron, rogaron. Pero días después, la Policía la halló viviendo tranquilamente con su nueva pareja sentimental en Comayagua. Todo fue un montaje.
Historias como esta se repiten cada vez más en Honduras, y ya no son casos aislados. Son parte de un fenómeno creciente que las autoridades tienen muy claro: el autosecuestro.
El 70% de los casos son falsos
Según cifras de la Policía Nacional, en 2022 se reportaron 15 secuestros, en 2023 la cifra bajó a 13 y en 2024 se registraron 12 casos. En lo que va de 2025, ya se contabilizan seis secuestros.
De acuerdo con los registros oficiales, en promedio el 70% de los casos reportados cada año corresponden a autosecuestros.
Es decir, de los 15 secuestros registrados en 2022, al menos 10 fueron fingidos; en 2023, nueve de los 13 casos también resultaron ser simulaciones.
Esta tendencia revela un patrón persistente que pone en alerta a las autoridades. Las “víctimas” fingieron estar en cautiverio con un objetivo: sacar dinero, principalmente a familiares en Estados Unidos.
“En el 2024, la mayoría fueron autosecuestros comprobados”, confirmó a tunota.com un alto jerarca policial.
Una puesta en escena con celular y desesperación
Los investigadores explican que muchos de estos montajes incluyen fotos falsas, encierros voluntarios, videos dramáticos y hasta autolesiones.
Todo se coordina desde un teléfono celular, con amigos o parejas que colaboran en el engaño.
Marcial Martínez, experto en seguridad, afirma: “Lo más preocupante es lo fácil que resulta. Solo se necesita un celular y alguien dispuesto a colaborar”.
En algunos casos, incluso las amenazas se coordinan con familiares que actúan como intermediarios con la Policía y los bancos. La desesperación lleva a simular el dolor.
Casos recientes
- 11 de diciembre de 2024: Un joven en Choluteca fingió su secuestro para pagar su motocicleta. Fue capturado dormido.
- Noviembre de 2024: Emirson Favio Anariba fue encontrado departiendo en un establecimiento tras exigir 15 mil lempiras a su familia.
- Noviembre de 2024: Carlos Alexis Romero simuló un secuestro para obtener dinero de sus parientes.
- 2 de marzo de 2025: Ana Rebeca Ponce fue descubierta compartiendo hogar con una nueva pareja, tras días de fingir su desaparición.
El reflejo de una crisis más profunda
El artículo 529 del Código Penal castiga la simulación de un delito con penas de seis meses a dos años de cárcel.
Pero más allá de lo legal, este fenómeno revela la precariedad que viven muchas familias.
“La gente finge su secuestro no solo para obtener dinero. Lo hacen porque ya no tienen a quién más acudir. Es pobreza, desesperación y una fractura emocional con quienes están lejos”, reflexiona el investigador consultado.
Detrás de cada “víctima” que finge estar en cautiverio, hay una historia de necesidad, de abandono o de ambición.
El problema ya no es solo de seguridad, sino de tejido social. Y mientras no se atienda esa raíz, las llamadas de auxilio seguirán sonando, aunque muchas no sean reales.
