Las estadísticas sobre muertes violentas de mujeres en Honduras cuentan dos historias distintas. El problema es que ambas intentan explicar qué está ocurriendo con la violencia que les arrebata la vida.

Por un lado, la Secretaría de Seguridad sostiene que este indicador registra una reducción del 9.8 %.

Por otro, organizaciones feministas contabilizan 203 mujeres asesinadas en 2026 y aseguran que sus registros muestran un incremento cercano al 8 % frente al mismo periodo de 2025.

No se trata solo de dos porcentajes diferentes: uno apunta hacia abajo y el otro hacia arriba.

La contradicción obliga a mirar qué mide cada registro, cuáles casos incluye y qué periodos utiliza para compararlos antes de concluir si Honduras realmente está logrando reducir estas muertes.

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203 muertes violentas de mujeres en el conteo

Honorina Rodríguez, defensora de los derechos de las mujeres, situó el 12 de septiembre el acumulado en 203 víctimas.

La defensora aseguró que la cifra representa aproximadamente un 8 % de incremento respecto al mismo periodo del año anterior y advirtió que la violencia deja episodios concentrados en periodos muy cortos.

Según Rodríguez, cuatro o cinco hechos violentos contra mujeres ocurrieron en apenas 30 horas, entre ellos un caso que involucró a una niña en Yoro.

La sucesión de casos es parte de lo que lleva a las organizaciones a cuestionar cualquier lectura que pueda transmitir la idea de que el problema está bajo control únicamente porque determinado indicador registra una reducción.

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El aumento de las tasas de feminicidio y la creciente violencia contra las mujeres y las niñas preocupa a organizaciones feministas en Honduras. Foto: Lucía Martinez, ONU Honduras

Seguridad tiene otra cuenta

El dato contrasta con el presentado por autoridades de la Secretaría de Seguridad y la Policía Nacional ante la junta directiva del Congreso Nacional el 31 de agosto.

Durante la exposición de resultados de la estrategia de seguridad, las autoridades reportaron una disminución del 9.8 % en las muertes violentas de mujeres.

Ese porcentaje coloca el fenómeno en una dirección completamente diferente a la descrita por las organizaciones feministas.

Los resultados pueden cambiar dependiendo de la fuente, las fechas exactas del corte, los casos incorporados y la metodología empleada para clasificarlos y compararlos.

Precisamente por eso, el choque entre ambos registros deja pendiente una explicación necesaria: cómo puede un indicador oficial mostrar una caída mientras las organizaciones que monitorean la violencia contra las mujeres observan un aumento.

Cinco departamentos concentran las alertas

Detrás de la discusión estadística también aparecen territorios donde el problema golpea con mayor fuerza.

Rodríguez identifica a Francisco Morazán, Olancho, El Paraíso, Copán y Lempira entre los departamentos con mayor incidencia de muertes de mujeres.

Pero la preocupación no termina allí, la defensora señaló que también comienzan a observar casos en lugares donde anteriormente este tipo de violencia no se registraba con la misma frecuencia.

Eso supone que la respuesta no puede concentrarse únicamente en los departamentos tradicionalmente identificados como puntos críticos.

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Antes de la muerte hay señales

Las organizaciones feministas insisten en que el problema no comienza cuando asesinan a una mujer.

Antes pueden aparecer amenazas, agresiones, violencia doméstica y otras formas de violencia que funcionan como señales de una posible escalada.

Por eso, Rodríguez plantea fortalecer la prevención y actuar desde las primeras manifestaciones de violencia.

Asegura que ya no se puede esperar a que el caso termine en una estadística de muertes violentas de mujeres.

También sostiene que cuando una mujer pierde la vida de manera violenta, la investigación debería comenzar considerando la hipótesis de un posible femicidio.

La propuesta es aplicar desde las primeras diligencias los protocolos correspondientes y, si posteriormente las evidencias establecen que no existió un componente relacionado con violencia de género, descartar esa línea.

Dos porcentajes, un problema sin resolver

El 9.8 % de reducción reportado por Seguridad y el 8 % de incremento señalado por organizaciones feministas no deberían quedarse como dos números lanzados desde extremos distintos.

La diferencia necesita una explicación pública que permita saber qué está contando cada registro y cuál es realmente la tendencia de las muertes violentas de mujeres en Honduras.

Porque mientras las estadísticas discuten si la línea sube o baja, el conteo de las organizaciones feministas ya llegó a 203 vidas perdidas en 2026.

Y allí está la parte que ningún porcentaje debería esconder.

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