A mediados de la década de 1990, había niños en Tegucigalpa que aprendían una regla sencilla para sobrevivir: correr cuando aparecía una patrulla.
Muchos dormían en mercados, parques, terminales de buses o aceras, otros, limpiaban parabrisas en los semáforos, vendían dulces o cargaban bolsas para conseguir unas monedas.
Eran parte del paisaje cotidiano de la capital, pero también estaban en la mira de las autoridades.
Lo que para algunos era una estrategia de seguridad se convirtió en un caso internacional.
El 10 de marzo de 1999, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió el Informe 41/99 sobre el caso 11.491, conocido como “Menores Detenidos”.
Ese informe se hizo después de analizar denuncias sobre la captura y encarcelamiento de niños de la calle en Honduras.
De interés: Entre buses y fronteras: así llegaron niños por ayuda escolar salvadoreña
Niños de la calle terminaban en la cárcel de adultos
La denuncia se presentó el 13 de abril de 1995 por el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) y Casa Alianza.
Según estos organismos, menores de edad eran detenidos de manera ilegal y enviados a la entonces Penitenciaría Central de Tegucigalpa, una cárcel destinada a adultos.
La práctica chocó de frente con la legislación hondureña y con los estándares internacionales de protección a la niñez.
La Constitución prohibía el ingreso de menores a cárceles comunes, mientras que la Convención sobre los Derechos del Niño establecía que los menores privados de libertad debían permanecer separados de los adultos.

Los abusos cometidos
Según la denuncia, "los menores recluidos en la Penitenciaría Central se expusieron a abusos físicos y sexuales dentro de las celdas compartidas con adultos".
Uno de los episodios recogidos en el informe ocurrió el 4 de abril de 1995, cuando una jueza de menores ordenó el traslado de siete adolescentes que permanecían recluidos junto a adultos.
En ese momento, según el expediente, había 28 menores detenidos en la cárcel capitalina.

Un retrato de la Tegucigalpa de los noventa
La historia de los “Menores Detenidos” no gira alrededor de grandes capos, violentos criminales o espectaculares fugas de prisión.
Su protagonista fue una población mucho más invisible: los niños que vivían en las calles de la capital.
Muchos de ellos no tenían una casa a la cual regresar ni una institución capaz de protegerlos.
Cuando aparecía una patrulla, no veían una oportunidad de ayuda, sino el riesgo de perder la poca libertad que les quedaba.
Más de 25 años después, el informe emitido por la CIDH en 1999 recuerda una época en la que, para demasiados niños en Tegucigalpa, la pobreza se convirtió en una razón suficiente para terminar tras las rejas.
Lea también: Más de un millón de niños sin educación por pobreza, migración y hambre escolar
