La tarde del 17 de marzo de 2025 parecía una más en el aeropuerto internacional Juan Manuel Gálvez, en Roatán. El Jetstream 3200 de la aerolínea LANHSA llegó desde La Ceiba sin incidentes y se preparaba para regresar con 15 pasajeros y dos tripulantes a bordo.

Nada hacía prever que, minutos después, el vuelo terminaría en el fondo del mar Caribe.

A las 6:19 de la tarde comenzó el abordaje, tres minutos después se autorizó el encendido de motores.

A las 6:24 inició el rodaje hacia la cabecera 07 y a las 6:27 la aeronave estaba lista para despegar, era una operación rutinaria en una ruta que la compañía realizaba con frecuencia, pero la rutina se rompió apenas el avión abandonó la pista.

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Roatán y un giro que cambió todo

Según el informe provisional de la Comisión Investigadora de Accidentes e Incidentes de Aviación (CIAIA), durante la fase inicial de ascenso la aeronave comenzó a desviarse hacia la derecha del eje de pista.

Las imágenes obtenidas por los investigadores muestran que el avión perdió la trayectoria prevista pocos segundos después del despegue.

La desviación tuvo consecuencias inmediatas, a una altura aproximada de entre seis y siete metros, el ala derecha impactó una escalera perteneciente a la instalación del VOR, una de las ayudas para la navegación ubicadas cerca de la pista.

Después del golpe, el avión continuó fuera de control hasta impactar contra la superficie del mar Caribe.

El punto final quedó a unos 1,110 metros de la cabecera de la pista y aproximadamente a 100 metros de la costa.

el informe preliminar

Doce vidas perdidas

El impacto fue devastador y los dos miembros de la tripulación y diez pasajeros murieron en el accidente.

Otros cinco pasajeros sobrevivieron con lesiones graves y fueron rescatados con vida. Entre las víctimas figuró el reconocido músico garífuna Aurelio Martínez Suazo, cuya muerte provocó conmoción dentro y fuera de Honduras.

Los restos de la aeronave quedaron sumergidos a una profundidad de 164 pies, dispersos en un radio aproximado de 15 metros sobre el lecho marino.

No hubo llamada de auxilio

Uno de los aspectos que más llama la atención del informe es que la tripulación nunca emitió una señal de emergencia.

Las grabaciones revisadas por los investigadores muestran que las comunicaciones con la torre de control fueron normales durante el encendido de motores y el rodaje y no se registraron reportes de fallas o anomalías antes del despegue.

Cuando ocurrió la emergencia ya no hubo tiempo para pedir ayuda y lo confirmó la investigación al afirmar que no se transmitió ninguna llamada MAYDAY ni PAN-PAN durante el vuelo.

fuselaje
Imagen del fuselaje de la aeronave sumergido en el mar. Foto: Informe Preliminar.

Un avión con interrogantes

El informe también reveló detalles que mantienen abiertas varias líneas de investigación.

La aeronave, fabricada en 1989, contaba con certificado de aeronavegabilidad vigente y, según los investigadores, despegó dentro de los límites permitidos de peso y centro de gravedad.

Las condiciones meteorológicas tampoco mostraron señales de peligro y el reporte del aeropuerto registró buena visibilidad, vientos moderados y ausencia de fenómenos adversos significativos.

Sin embargo, la investigación encontró que el avión carecía de un Registrador de Datos de Vuelo (FDR).

La comisión señaló que una exención otorgada años atrás para operar sin ese equipo expiró en marzo de 2021, por lo que la aeronave voló sin una dispensa vigente.

Además, el Registrador de Voz de Cabina (CVR), que podría contener los últimos segundos de conversación entre los pilotos, estaba pendiente de recuperación cuando se emitió el informe preliminar.

Los pescadores que llegaron primero

Mientras las alarmas se activaron en tierra, fueron pescadores y embarcaciones civiles de la zona quienes ayudaron en las primeras labores de rescate.

Posteriormente se sumó la Fuerza Naval, Bomberos, Policía Nacional, Ministerio Público, personal aeroportuario y equipos especializados de buceo.

La recuperación de las víctimas concluyó al día siguiente, cuando fue localizado el último ocupante fallecido.

La investigación continúa con apoyo de organismos internacionales, entre ellos la National Transportation Safety Board (NTSB) de Estados Unidos y la Air Accidents Investigation Branch (AAIB) del Reino Unido.

Por ahora, la causa definitiva sigue sin conocerse y lo único claro es que entre el abordaje de los pasajeros y el momento en que el Jetstream desapareció bajo las aguas del Caribe transcurrieron apenas unos minutos.

Minutos suficientes para convertir un vuelo cotidiano en una de las tragedias aéreas más dolorosas registradas en Honduras en los últimos años.

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