Silca, una zona montañosa del norte de Olancho, se convirtió en un campo de guerra silenciosa. La calma habitual se esfumó.

Tropas del ejército hondureño patrullan día y noche los caminos polvorientos, mientras helicópteros sobrevuelan aldeas con nombres que ahora suenan a alerta: El Higuerito, Suntul, El Quebrachal, Guamiles.

En este terreno se libra una cacería contra “Los Matute”, una estructura criminal acusada de perpetrar una masacre que estremeció al país.

El 29 de junio asesinaron a tres personas en El Higuerito: Exar Edulfo Paz Murillo, su hermana Leda Esperanza Paz Murillo, quien tenía ciudadanía estadounidense y Ana Cristina Castro Juárez.

Ese hecho, brutal y directo, marcó un antes y un después para la comunidad.

Operativo militar intensifica búsqueda de Los Matute en Silca

Desde el crimen, las Fuerzas Armadas de Honduras lanzó una ofensiva sostenida en el municipio.

La Fuerza de Tarea Conjunta lidera operativos de allanamiento en aldeas remotas donde se presume que los miembros de la banda están ocultos.

Aunque no se producen capturas masivas, el despliegue militar logra contener los movimientos de los sospechosos.

“Al llegar a los sitios previstos para las capturas, solo encontramos mujeres. Pero la presión continuará”, afirmó el coronel Castillo.

Las acciones incluyen retenes fijos, patrullajes motorizados y presencia militar permanente en la comunidad de Guamiles, como medida de control territorial.

Los Matute imponían la ley en Silca

El asesinato de los tres ciudadanos fue solo la punta del iceberg. A “Los Matute” también los vinculan con tentativa de homicidio, asociación para delinquir y ataques contra testigos protegidos.

La banda, enmontañada durante años, logró imponer su ley en zonas donde el Estado apenas asoma.

En Silca, muchas familias sabían de su existencia. Los rumores de extorsiones, amenazas y desapariciones recorrían los cafetales, pero pocos se atrevían a hablar. La masacre del 29 de junio rompió ese silencio.

Autoridades refuerzan presencia militar en Olancho

El despliegue no se limita a Silca. Las operaciones se extienden a Juticalpa y Catacamas, con puntos de control estratégicos y vigilancia en rutas que podrían facilitar el escape de los criminales.

La orden es clara: no permitir que Los Matute se desplacen a otras zonas. El destacamento en Guamiles se mantendrá de forma indefinida, según confirmó un oficial del Ejército.

La estrategia apunta a cercar a los miembros de la banda y reducir su margen de maniobra, incluso en sus refugios naturales: las montañas.

Alias “Chico”, el primer capturado por la masacre en Silca

Hasta ahora, la única captura confirmada es la de Francisco Abacuc Urraco Herrera, conocido como “Chico”.

Lo arrestaron el 29 de agosto tras una serie de siete allanamientos en Silca y Salamá, ejecutados por la Fiscalía Especial de Delitos Contra la Vida (FEDCV) y la Dirección Policial de Investigaciones (DPI).

La fiscalía logró que se le dictara auto de formal procesamiento con prisión preventiva por su presunta participación directa en la masacre.

Su testimonio podría ser clave para vincular a otros miembros de Los Matute y desmantelar completamente la estructura.

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Piden justicia y romper el silencio tras años de impunidad

El pueblo de Silca, aunque con miedo, comienza a alzar la voz. Las familias víctimas de la violencia exigen justicia, pero también protección.

Por décadas, estas comunidades vivieron en la sombra de estructuras criminales que actuaban sin consecuencias.

Hoy, esa dinámica empieza a cambiar. La presencia estatal en sus múltiples formas: militar, fiscal, judicial, se vuelve visible. Pero la gran pregunta persiste: ¿llegó para quedarse?

La cacería contra Los Matute es una batalla por justicia, pero también una oportunidad para recuperar territorios que el crimen les arrebató.

Silca no solo necesita respuestas por la masacre; necesita garantías para no volver a ser rehén del miedo. Que esta vez, la justicia no solo toque la puerta… sino que entre y se quede.