En el departamento de Olancho existe un municipio que guarda una historia marcada por la destrucción, la resistencia y la valentía de sus habitantes.
Se trata de Silca, un pueblo que fue incendiado en dos ocasiones durante conflictos armados y que sus pobladores reconstruyeron en el mismo lugar donde sufrieron la tragedia.
El periodista hondureño Leonel Euceda compartió esta historia en su cuenta de TikTok, donde destacó la riqueza histórica, cultural y natural de este rincón de Honduras.
Silca tiene sus raíces en el siglo XVI. Según el relato del comunicador, a finales de esa época ya aparecía registrado como “Silca”, con C, como un pueblo indígena de 30 tributarios encomendado a Luis de Voz Mediano.
Durante la época colonial llegó a tener importancia administrativa al convertirse en cabecera de distrito antes que Manto.
Dos incendios que marcaron su historia
La historia de Silca quedó marcada por dos momentos de destrucción. El primero ocurrió en 1829, durante la primera guerra civil de Centroamérica, un conflicto entre liberales y conservadores.
Debido a su ubicación estratégica para el movimiento de tropas revolucionarias, el pueblo sufrió saqueos y un incendio que lo redujo a cenizas. Los sobrevivientes tuvieron que abandonar la zona y buscar refugio en la hacienda Cofradía.
Décadas después, en 1865, Silca volvió a enfrentar una tragedia durante la Guerra de Olancho, una rebelión de pobladores olanchanos contra el gobierno del presidente José María Medina.
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Como parte de las acciones militares para controlar la rebelión, el ejército incendió nuevamente el municipio. La comunidad quedó destruida por segunda vez.
Sin embargo, sus habitantes decidieron regresar y reconstruir sus hogares en el mismo territorio. Esa resistencia permitió que en 1878 Silca recibiera oficialmente la categoría de municipio.
Una iglesia con más de dos siglos de historia
Frente al parque central se encuentra la iglesia de la Virgen de la Candelaria, una construcción histórica del siglo XVIII que representa uno de los principales símbolos del municipio.
El templo cuenta con una superficie de 273 metros cuadrados y conserva una campana fundida en el año 1800.
Sus dos torres se construyeron en diferentes etapas: la primera en 1942 durante la administración del alcalde Ruperto Maradiaga y la segunda en 1953 bajo la gestión del alcalde Luis Díaz.
Leyendas y paisajes que mantienen vivo el encanto de Silca
Además de su historia, Silca conserva relatos transmitidos por generaciones. En el Cerro La Campana se encuentra la conocida cueva de La Mona, un sitio rodeado de leyendas locales.
Según cuentan los pobladores, una mujer de gran belleza habitaba en ese lugar y bajaba al pueblo para asistir a misa de manera discreta antes de desaparecer en la poza Honda del Toro.
También existe la creencia de que dentro de la cueva permanece una tinaja sobre la que cae una gota de agua de forma constante.
El municipio cuenta con una extensión cercana a los 259 kilómetros cuadrados y está rodeado por el Cerro La Campana y el Cerro El Guayabo. Sus tierras reciben agua del río Telica, lo que favorece la producción agrícola de maíz y frijoles, además de fortalecer el comercio con Salamá.
Arquitectura tradicional que conserva la identidad hondureña
Las calles y viviendas de Silca reflejan la arquitectura vernácula de Honduras. Sus casas conservan muros de adobe elaborados con tierra, cal, paja y agua, materiales que ayudan a mantener temperaturas agradables en el interior.
Durante el día, estas construcciones protegen del calor y por la noche conservan el calor acumulado. Uno de sus elementos principales es el corredor, un espacio utilizado para compartir, tomar café y convivir con los vecinos.
Los barrios Centro, Abajo, Nazareno, Las Acacias, El Colegio, La Maní, La Olla, Buenos Aires y La Ceiba mantienen la esencia tranquila de un pueblo donde las tradiciones siguen formando parte de la vida diaria.
Tras las tragedias que enfrentó el municipio, las autoridades y la iglesia impulsaron procesos de reconciliación para sanar las heridas de la comunidad.
El parque central, construido en 1971 y remodelado en 1987, se convirtió en uno de los principales espacios de encuentro para las familias.
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