La escasez de agua dejó de ser únicamente un problema de abastecimiento en la capital, ahora también amenaza con encarecer la canasta básica, aumentar el costo de vida y abrir la puerta a un repunte de enfermedades como el dengue y los males gastrointestinales.

Ese es el escenario que dibuja la Alcaldía Municipal del Distrito Central (AMDC), que desde mayo declaró una emergencia hídrica para administrar el agua de las represas mientras espera lluvias constantes hacia mediados de septiembre.

“En la falta de acceso al agua, la no lluvia incrementa de alguna manera la especulación sobre los precios de la canasta básica”, advirtió Julio Quiñónez, director del Sistema Municipal de Gestión de Riesgos (SIMGER).

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Escasez de agua golpea primero el bolsillo

La escasez de agua no solo obliga a miles de capitalinos a esperar hasta nueve días por el servicio.

También amenaza la producción agrícola, reduce la oferta de alimentos y presiona los precios en los mercados.

Aunque algunas zonas altas de Tegucigalpa recibieron lluvias aisladas y mantienen cultivos, gran parte de la producción depende de precipitaciones que aún no llegan con regularidad.

A eso se suma el aumento del consumo de agua provocado por las altas temperaturas.

Las familias compran más líquido para hidratarse y cubrir necesidades básicas, elevando un gasto que ya pesa sobre los hogares.

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La sequía también puede enfermar a la ciudad

La falta de agua trae otra consecuencia menos visible, pero igual de peligrosa: la salud pública.

Cuando el agua escasea, muchas familias reducen el lavado de alimentos, utensilios y superficies, aumentando el riesgo de enfermedades gastrointestinales.

Al mismo tiempo, el almacenamiento en recipientes sin protección favorece la reproducción del mosquito transmisor del dengue.

“Si no cuidamos cómo almacenamos el agua, ese es criadero de zancudos, larvas y dengue”, alertó Quiñónez.

El funcionario también recordó que las temperaturas extremas incrementan la probabilidad de golpes de calor, especialmente en niños, adultos mayores y personas que trabajan al aire libre.

Quince pozos entrarían en operación antes de septiembre

Mientras las represas pierden volumen, se acelera una estrategia para incorporar nuevas fuentes de abastecimiento.

La municipalidad identificó 41 pozos perforados que permanecían fuera de servicio.

Muchos requieren únicamente reparaciones eléctricas o sustitución de tuberías para volver a operar.

La meta es que, en las próximas dos semanas, al menos 15 pozos entren en funcionamiento y aporten entre 100 y 120 galones por minuto cada uno, suficiente para aliviar parcialmente la presión sobre el sistema.

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Las represas se acercan al punto más crítico

La preocupación crece porque los embalses están a punto de caer al 25 % de su capacidad, un nivel considerado crítico por las autoridades municipales.

Con ese volumen, la distribución de agua continuará bajo un esquema de racionamiento de cada nueve días, mientras la ciudad apuesta a que las lluvias previstas para mediados de septiembre permitan recuperar las reservas.

Hasta entonces, la escasez de agua seguirá siendo mucho más que un problema de abrir el grifo: será una amenaza directa para el bolsillo, la alimentación y la salud de miles de capitalinos.

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