Durante años fue un nombre que aparecíó en expedientes policiales, listas de los más buscados y alertas internacionales. Mientras cambiaba de identidad, cruzaba fronteras y esquivaba a las autoridades, Snoopy huía de las heridas de una de las peores masacres atribuidas a las pandillas en Honduras.

Álvaro Osiris Acosta Bustillo, alias “Snoopy”, lo señalaron como uno de los líderes más peligrosos de la Mara Salvatrucha (MS-13) y lo vincularon a la matanza de 28 personas en un autobús en San Pedro Sula.

El ataque ocurrió el 23 de diciembre de 2004, a pocos días de la Navidad, un grupo de hombres armados interceptó una unidad del transporte público y desató una masacre que conmocionó al país.

Veintiocho personas murieron en un hecho que se convirtió en uno de los episodios más sangrientos de la violencia atribuida a las pandillas en Honduras.

Desde entonces, el nombre de “Snoopy” comenzó a figurar entre los principales objetivos de las fuerzas de seguridad.

De interés: Maras y pandillas ya son terroristas en Honduras tras publicación en La Gaceta

Snoopy el hombre de los muchos nombres

Las investigaciones identificaron a Álvaro Osiris Acosta Bustillo como miembro activo y cabecilla de la MS-13.

Sin embargo, localizarlo no era sencillo. Además de “Snoopy”, utilizaba otros alias como “Nike”, “Marvin” y “Fantasma”, una estrategia que le permitió moverse durante años dentro y fuera de Honduras.

Según información de las autoridades hondureñas y agencias internacionales, el presunto líder criminal extendió sus operaciones a Guatemala.

En este país aseguran que utilizó identidades falsas para ocultarse de la justicia y continuar sus actividades ilícitas.

Su capacidad para desaparecer, cambiar de nombre y reaparecer en distintos puntos de la región alimentó la reputación de uno de los hombres más buscados dentro de la estructura de la MS-13.

extradición
Un juez de natural de primera instancia concedió la extradición a la República de Guatemala del ciudadano hondureño Álvaro Osiris Acosta Bustillo. Foto: cortesía.

La sombra de la masacre de 2004

Las autoridades hondureñas lo consideran uno de los participantes materiales de la masacre del autobús ocurrida en San Pedro Sula.

El caso marcó un antes y un después en la lucha contra las pandillas y colocó a la MS-13 en el centro del debate sobre seguridad nacional.

Además de ese expediente, Acosta Bustillo también enfrentaba una orden de captura por el asesinato de un agente policial asignado a la unidad Cobras.

Los investigadores sostienen que su nivel de influencia dentro de la organización criminal lo colocó en un rango similar al de otros líderes históricos de la MS-13, entre ellos el conocido alias “Porky”.

Fuga, recompensa y captura

La búsqueda de “Snoopy” se prolongó durante años su nombre apareció en alertas internacionales y las autoridades llegaron a ofrecer una recompensa de 50 mil lempiras por información que permitiera ubicarlo.

Su historial criminal se volvió aún más complejo tras una fuga ocurrida en 2005, episodio que reforzó la percepción de que se trataba de un objetivo de alta peligrosidad para las fuerzas de seguridad.

Finalmente lo capturaron en el municipio de Villanueva, Cortés. Tras su detención, lo remitieron ante los tribunales y lo enviaron al centro penal de Morocelí, en El Paraíso, donde permanece ligado a los procesos judiciales pendientes.

dispositivo de seguridad
Un fuerte dispositivo de seguridad custodia a uno de los líderes de la MS-13 "Snoopy", Foto: Policía Nacional.

La extradición que cerró el cerco

El cerco judicial se estrechó aún más en abril de 2026, cuando la Corte Suprema de Justicia autorizó su extradición a Guatemala.

Las autoridades guatemaltecas lo reclaman para que responda por varios delitos graves, entre ellos asesinato.

La decisión representó un nuevo golpe para uno de los hombres que durante años logró moverse entre fronteras utilizando documentos e identidades falsas.

Más de dos décadas después de la masacre que estremeció a Honduras, el nombre de “Snoopy” lo ligan a uno de los capítulos más oscuros de la violencia criminal en el país.

La diferencia es que el hombre que durante años vivió como un fantasma ahora enfrenta el peso acumulado de expedientes abiertos a ambos lados de la frontera.

Lea también: Chips vigilados y cárcel perpetua: el nuevo golpe contra las maras