Para Juan Pablo Carías, el final de la travesía nocturna de 13 kilómetros que hacía en la década los 60 desde su natal aldea de Soroguara hasta la capital Tegucigalpa, en Francisco Morazán, era casi el mismo: cansado y con su cara llena de ceniza.
"Cuando se hacían los viajes de noche, porque era a pie porque no había carretera, eran como tres horas de camino y llegábamos todos tilosos, la cara tilosa porque cuando no había luna nos alumbrábamos con 'hochón' (palos) de ocote y nos caía toda a ceniza", relata Carías, sociólogo y excatedrático de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.
Soroguara es una villa de Tegucigalpa que a Carías le dejó tristes recuerdos por la prisión de carencias en la que estuvo atrapado en esa zona junto a sus seis hermanos y que su padre paliaba trabajando de sol a sol como campesino en una parcela de menos dos manzanas.
"A mí, el campo me derrotó, por lo que vine a Tegucigalpa probar suerte", contó Carías, de 73 años, sobre esa fuerza interior que lo impulsó a estudiar, siendo un adulto, en centros educativos nocturnos e involucrarse en movimientos estudiantiles que luego le sirvieron de enlace para lograr una licenciatura en Sociología en Cuba, una herramienta que le ayudó a superarse.
Luego de más de tres décadas como profesor en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), el sociólogo se retiró y ahora enfoca su tiempo a su vida familiar como esposo, padre y abuelo, al tiempo que sigue siendo un respetado analista de la realidad nacional. Su historia la conocemos en una entrevista que brindó para En Primera Plana.
¿Quiénes fueron sus referencias para inclinarse a estudiar Sociología?
Más que una referencia individual, lo que tuve fue una referencia colectiva, a partir de esa adolescencia y juventud que empecé a experimentar con todos los problemas de una ciudad que comenzaba su desarrollo como Tegucigalpa, una ciudad a la que ya llegaban noticias de lo que sucedía en otras ciudades del mundo.
¿Qué realidad vio en esa colectividad?
Presentaba una serie de retos, sobre todo, uno de los desafíos en los que la gente se pregunta: ¿podré estudiar?
Esa era mi pregunta porque las condiciones para que pudiera estudiar era sumamente difíciles.
¿Qué situaciones difíciles eran?
Mis posibilidades para estudiar eran nulas porque yo comencé a trabajar desde niño y tuve que estudiar en la jornada nocturna, eso no lo oculto.
Mi madre murió a los 46 años en un accidente cuando yo era un niño y mi origen social es campesino, gente de campo sin condiciones materiales, en mi comunidad, había una escuela que solo tenía hasta tercer grado y había, también, problemas de salud porque no solo eran problemas propios del sistema con mucha limitación, porque en mi comunidad yo no conocí un médico, yo vine a conocer un médico en Tegucigalpa y era una atención bastante precaria; mi atención médica durante mi infancia fue casi por medio de la medicina natural, de las hierbas, pues.
Cuándo se enfermaba, ¿con qué lo curaban?
El dolor de cabeza, con siguapate, que es una planta, o con manteca de zorrillo cuando tenía problemas en la nariz, estamos hablando en la década de los 50.
¿Recibió la vacunación de niño?
No, no, no…incluso, creo que me puse la primera vacuna sin saber para qué era, sin saber los beneficios que tenía, me dijeron que tenía que vacunarme contra la polio.
¿Cuántos años tenía?
12 años, en las zonas rurales no había un centro de salud, era imposible.
¿Su papá era campesino?
Sí, alguien con ingresos muy limitados que tenía una extensión de tierra que no sobrepasaba las dos manzanas, sin recursos como tienen otros campesinos, como una yunta de bueyes, no conocía una vaca, un animal de carga.

¿Cómo decide ir a Tegucigalpa en medio de la precariedad?
Hacer el viaje a Tegucigalpa se convirtió en una aventura mental, se despertaron en mi una serie de aspiraciones y motivaciones una vez que me puse en contacto con una serie de niños con una condición social diferente
¿Cómo eran esos viajes de Soroguara a Tegucigalpa?
Eran complicados cuando se hacían los viajes de noche, porque era a pie porque no había carretera, eran como tres horas de camino y llegábamos todos tilosos, la cara tilosa porque cuando no había luna nos alumbrábamos con “hochón” ( astilas) de ocote y nos caía toda la ceniza, pero llegar a Tegucigalpa me permitió ver que existía otra realidad y se formaba otra consigna, como que otro mundo es posible.
En ese tiempo, yo no podía ir a la escuela, había la escuela Lempira, el colegio Central, ver los desfiles del 15 de septiembre, el Día de la Independencia, eran como una provocación y yo me preguntaba que, si porqué ellos podían desfilar, por qué yo no; pero, en vez de constituirse en un obstáculo para mí, constituyó una serie de invitación, motivación para hacer las cosas diferentes.
Pero, en específico, ¿a qué llegó a Tegucigalpa?
Me vine de mi pueblo a Tegucigalpa sin saber a qué venía ja,ja,ja...mire, seré sincero, porque, a mí, el campo me derrotó, soy de familiar rural, pero el campo lo deseché por las condiciones de limitación, de pobreza, falta de recursos productivos, desintegración familiar, no por falta de afecto, sino por la muerte de mi mamá.
A mí, el campo me derrotó, por lo que vine a Tegucigalpa probar suerte. Ya había familia que se había venido y, por lo menos, ya había una casa, un techo donde quedarme, había un foco, una llave pública, que ya eran adelantos en comparación con lo que no tenía uno. Ya escuchar un equipo de sonido era una diferencia, le cuento que cuando era niño y se tocaba marimba en El Picacho, se escuchaba en mi pueblo.
¿Pero se puso a estudiar desde que llegó?
No, yo trabajé en todo lo que un niño puede trabajar, desde vendedor de lotería, cobrador de buses y lo más moderno que logré tener fue un trabajo de conserje, fue el primer trabajo formal que tuve y fue de conserje en la Taca (Transportes Aéreos de Centroamérica) que tenía una oficina en donde estaba en hotel Lincoln y ese trabajo lo hacía mientras estaba en la escuela nocturna.
Después trabajé como conserje en Recursos Naturales y ahí fui creciendo porque fui jefe de brigada contra incendios forestales y me puse en contacto con gente con mucha nombre como Óscar Rodríguez Gómez, que fue uno de los fundadores del Cuerpo de Bomberos, con él trabajé en Recursos Naturales, era un sastre, pero un hombre apasionado con el tema de los incendios forestales y en las ciudades.
Para mí, todas era experiencias novedosas, me ponían a un nivel que, en alguna medida, añoraba y era una fuente de aprendizaje.

¿La educación secundaria cuándo la inició?
A los 18 años, en ese tiempo habían muchos colegios nocturnos y me tocó una experiencia interesante porque con el tiempo fui presidente de una federación de estudiantes y como presidente, con otros compañeros, luchamos para que se crearán más colegios nocturnos oficiales ( públicos) , porque casi no habían, lo que habían era privados como el Cultura, el Alfonso Guillén Zelaya, el Gustavo Adolfo Alvarado, el Morazán.
¿A qué edad salió de colegio?
A los 25 años, para qué le voy a contar otra cosa, estudié bachillerato, estudié en e instituto Latinoamericano y me gradué en colegio Luis Andrés Zúñiga, que eran privados y se salía a as 10 de la noche y cuando termino los estudios soy un adulto y con muchas relaciones en varios ámbitos y ya había destacado en oratoria cuando fui líder estudiantil.
Mis primeras experiencias de redacción comienzan en el campo de elaboración de manifiestos de los estudiantes, estamos hablando en la década de los 70 y ya empezamos a participar en manifestaciones porque coincidió que en los años 70 aquí vino un consorcio que se llamaba Consorcio de las Universidades de la Florida que la idea era impulsar reformas en los planes de estudio y hacer muchos cambios, pero hubo una fuerte resistencia de todo el sector educativo, incluyendo maestros y alumnos y ese consorcio se llegó a expulsar, gracias a la lucha de los estudiantes, de los profesores.
¿Cuántos dio clases en la UNAH?
Fui docente 34 años, pero también fui representante de los trabajadores, también fui fundador de Inpreunah, constituimos la primera junta directiva, pero, la final, con la reforma que impulsó la rectora Julieta Castellanos, salí un poco desganado, yo apoye esa reformas porque sabía lo que había pasado en la universidad, incluso, Gautama Fonseca había planteado el cierre por algún tiempo, pero la doctora Julieta sacó de ese fondo a la universidad, hubo errores, porque no hay nada perfecto, pero siento que la comunidad universitaria no estaba preparada para los cambios.
El ser humano solo está dispuesto a cambiar aquello que le estorba o es una amenaza y en la universidad no ha habido mayores amenazas para la comunidad universitaria y siempre se ha definido como un centro de trabajo tranquilo y eso hizo que la comunidad universitaria no apoyara a la rectora y los que le dimos apoyo fuimos lanzamos al ostracismo, verdad, por lo que me salí con una sensación de disgusto y de desgano , sin desconocer que fue el centro que absorbió mis mayores esfuerzos y que me ha dado los mejores reconocimientos.
¿Cuándo ingresó a la universidad?
Yo tenía la intención de ser dirigente universitario, pero hay dos cosas…puedo decirle que fracasé porque yo, al movimiento estudiantil, nunca lo entendí que estaba subdividido en frentes, por ejemplo, existía en Frente Unido Universitario Democrático, de derecha, el Frene Universitario de Reforma y había el FES, Frente Estudiantil Socialista, y no lo entendí porque, para mí, había problemas en la universidad más allá de los intereses frentistas.
Yo comencé a estudiar derecho, pero como dirigente estudiantil tenía contactos nacionales e internacionales y, a través de esa vía, logré estudiar Sociología en Cuba de 1976 a 1980.

¿Qué cosas lo marcaron en Cuba?
El sentido de solidaridad, el sentido de gratuidad de la educación, no teníamos que preocuparnos por libros, los extranjeros y nacionales del interior podían optar a una beca que incluía instancia física, todo eso me llamaba la atención viniendo de un país en donde todo es cuesta arriba porque, al no tener recursos económicos, estudiar era una odisea
Usted que defiende a libertad, las igualdades, ¿cómo ve que en Cuba no haya elecciones democráticas?
Yo iba de Honduras con ideas equivocadas del socialismo, yo pensaba, como pensaba mucho latinoamericano, que el socialismo es igualdad, y esa era una idea errónea porque solo puede lucharse por la igualdad de oportunidades, pero la desigualdad no va a desaparecer por mucho tiempo, porque mucha desigualdad tiene que ver con las diferencias de tipo personal, porque no es juste que usted, teniendo las capacidades y dando más, a veces, recibe menos.
Entonces, en aras de tener un régimen de igualdad, se pueden cometer muchas injusticias.
¿Cuáles son sus pasatiempos?
Leer y la música y soy universal, la música a mi me la determina en momento emocional que esté viviendo en un momento determinado, si hay un ambiente alegre, no le extrañe que escuche bochinchera, me gusta la música ranchera.

¿A qué edad se casó?
A los 28 años, a mi esposa la conocí en mis tiempos de dirigente estudiantil, ella es médico.
No había entrado a la universidad cuando se casó
No, yo algunas cosas las desarrollé con el reloj biológico atrasado, porque por mi situación económica tuve que postergar algunas cosas, porque qué pasa si tengo compromisos a los 20 años, mi vida sería diferente. Me casé y con mi esposa pospusimos tener hijos hasta tener las condiciones económicas, tuve hijos cuando tenía 36 años.
Perfil:
Nombre: Juan Pablo Carías Durón.
Lugar y fecha de nacimiento:
Madre: María del Rosario Durón (QDDG).
Padre: Manuel Carías Meza (QDDG).
Esposa: María Díaz.
Hijos: Juan Pablo Carías Díaz y José Alejandro Carías Díaz.
Profesión: Sociólogo con un postrado en Demografía (UNAH) y otro en Tecnologías de la Educación (España).
