Honduras enfrenta en 2026 un repunte en los homicidios que vuelve a poner en el centro la discusión sobre la seguridad.

Hasta el 10 de abril, el país registra al menos 612 muertes violentas, un incremento cercano al 5 % en comparación con el mismo período del año anterior.

Pero más allá de la cifra, lo que comienza a preocupar es la forma en que están ocurriendo varios de estos hechos.

No se trata únicamente de más crímenes, sino de episodios que reflejan mayor agresividad en su ejecución, lo que impacta directamente en la percepción de seguridad de la población y reabre el debate sobre la capacidad de contención frente a las dinámicas del crimen.

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Homicidios y la saña como señal de alerta

La directora del Observatorio de la Violencia de la UNAH, Migdonia Ayestas, confirmó que entre enero y marzo se reportaron más de 50 homicidios adicionales respecto a 2025.

“Enero, febrero y marzo ha aumentado más o menos el 5 % la violencia y la criminalidad”, explicó Ayestas.

Sin embargo, el análisis no se queda en el aumento; Ayestas advierte que ciertos crímenes reflejan un mayor nivel de agresividad, un patrón que comienza a repetirse y que apunta a dinámicas criminales más intensas.

La saña, en este contexto, no es un exceso aislado, es un mensaje. Son ataques dirigidos; múltiples impactos y formas de ejecución más violentas revelan disputas, control territorial y mecanismos de intimidación.

Es la forma en que el crimen comunica poder en los territorios donde opera. No es solo matar: es cómo se mata y lo que eso comunica en los entornos donde operan las estructuras criminales.

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El termómetro

Desde la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), el director de seguridad y justicia, Nelson Castañeda, fue directo al interpretar el repunte.

“El incremento del 5 % evidencia un deterioro en las condiciones de seguridad ciudadana”.

Para Castañeda, los homicidios siguen siendo el principal indicador de la crisis. Cuando suben, no solo aumentan las muertes: también se debilitan los mecanismos de prevención y respuesta.

Entre resultados y percepción

Desde la institucionalidad también hay reconocimiento. El director de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), Rolando Ponce, admitió que los resultados en los primeros meses del año no han sido favorables.

Aun así, aseguró que las unidades de seguridad mantienen operativos y acciones constantes para enfrentar los hechos violentos.

Pero en las calles, la lectura es otra. La repetición de crímenes, la difusión de casos y la forma en que se ejecutan están marcando la percepción ciudadana, que no siempre se mueve al ritmo de los informes oficiales.

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Una violencia que se conecta por debajo

Organizaciones de sociedad civil advierten que el fenómeno no puede analizarse de forma aislada.

Los homicidios están ligados a otras dinámicas: extorsión, narcotráfico, robos y disputas entre estructuras criminales.

Departamentos como Yoro, Olancho, Francisco Morazán y Cortés siguen concentrando estos patrones, donde la violencia no solo se mide en cifras, sino en control territorial y presión sobre las comunidades.

Cuando la forma de matar también importa

El repunte de homicidios en Honduras no solo reabre el debate por las cifras. También obliga a mirar cómo están ocurriendo los crímenes.

Porque cuando la violencia muestra más saña, deja de ser solo un dato estadístico y se convierte en una señal.

Y esa señal, hoy, vuelve a encender las alertas.

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