En la Iglesia San Antonio de Padua, en Tocoa, Colón, el 14 de septiembre de 2024, Juan Antonio López susurró lo que serían sus últimas palabras a su hija después de predicar: “Pase lo que pase, yo te amaré siempre”.
Minutos después, su vida fue cegada por un hombre que lo emboscó frente a su familia. López presentía su destino, y en su lucha por defender la tierra y el agua, dejó un legado que trasciende fronteras.
Monseñor Henry Ruíz, obispo de la Diócesis de Trujillo, compartió esta dolorosa historia en el Encuentro de Obispos de América Latina sobre Iglesia y Minería, realizado en Panamá.
“Cuando nos avisaron de su asesinato, sentimos como si nos hubieran matado a un hermano de sangre. Juan Antonio no solo era un defensor del ambiente, sino también un hombre profundamente comprometido con la vida de la Iglesia”, expresó el religioso.
Defender el medio ambiente
Juan López se convirtió en un símbolo de la resistencia comunitaria frente a la explotación minera en el Parque Nacional Montaña Botaderos Carlos Escaleras, una área protegida que se redujo en su extensión mediante maniobras en el Congreso Nacional de Honduras.
Su lucha, que costó su vida, es una batalla que la Iglesia adopta como propia. "Defender las montañas, los ríos y las fuentes de agua es defender la vida de los pueblos", recalcó monseñor Ruíz.
En este caso, tres implicados guardan prisión: Óscar Alexi Guardado Alvarenga, supuesto gatillero, así como Daniel Antonio Juárez Torres y Lenin Adonis Cruz Munguía, como coautores.
Iglesia respalda la lucha
Este encuentro, que reunió a obispos y líderes de comunidades afectadas por la minería de ocho países, tuvo como objetivo sensibilizar sobre el daño causado por el extractivismo.
Entre los presentes, destacó la participación de representantes de Guatemala, Perú, Honduras, Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y Panamá.
La representación de la Iglesia Católica se unió en un mensaje de fortaleza y unidad ante la lucha por los derechos humanos y la protección del medio ambiente.
La muerte de Juan Antonio López no se olvida. Su legado y lucha resuena no solo en Honduras, sino en toda América Latina, donde defensores del medio ambiente enfrentan amenazas diarias por proteger la tierra que los sustenta.
