El juicio tiene fecha, pero ahora la familia de Angie Peña debe enfrentar otro problema: que quienes podrían aportar información sobre la desaparición de Angie logren llegar a declarar.
Walter Peña, padre de la joven desaparecida el 1 de enero de 2022 en Roatán, denunció que dos testigos adicionales estarían recibiendo amenazas antes del juicio relacionado con la estructura denominada “Delta Teams”.
La alerta adquiere otra dimensión porque en agosto de 2026 asesinaron a Dereck Isaac McNeal James, identificado como testigo protegido dentro de las investigaciones relacionadas con el caso.
Ahora, con el juicio oral y público programado del 7 al 14 de septiembre de 2026, Walter Peña reclama al Estado la debida protección para otras personas que, asegura, conocen información relevante.
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Angie Peña y los testigos que podrían hablar
Una de las piezas que menciona Walter Peña es identificada como “R1”. Según el padre, durante las averiguaciones realizadas por la familia recibieron información de que esta persona vio con vida a Angie.
A ese testimonio se sumarían otras dos personas que podrían aportar elementos sobre lo ocurrido después de la desaparición.
“Cuando íbamos a averiguar se nos dijo que R1 vio con vida a nuestra hija y esos dos testigos los amenazan estas redes para que no lleguen al juicio”, manifestó Peña.
La afirmación corresponde a la versión del padre y coloca una nueva preocupación alrededor del proceso.
No solamente es qué saben los testigos, sino si existen las condiciones para que puedan declarar sin poner en riesgo sus vidas.
Peña pidió que las instituciones hondureñas adopten medidas de seguridad para protegerlos y garantizar que cualquier información que posean pueda llegar ante el tribunal.

Un asesinato elevó las alarmas
La preocupación de la familia aumentó después del asesinato de Dereck Isaac Mc Neal James en agosto de 2026.
Su muerte convirtió la seguridad de quienes conocen información en un asunto especialmente sensible a pocas semanas de comenzar el juicio.
Por eso, la denuncia sobre otros dos posibles testigos amenazados abre un nuevo frente en el caso Angie Peña.
Si poseen información relevante, protegerlos también significa preservar posibles piezas de una investigación que lleva más de cuatro años buscando respuestas.
La familia sostiene que detrás de la desaparición habría mucho más que el accidente marítimo planteado inicialmente.

Del mar a una investigación por secuestro y trata
Angie Peña desapareció durante la madrugada del 1 de enero de 2022, después de salir en una moto acuática desde West Bay, Roatán.
Las primeras hipótesis apuntaron a la posibilidad de que hubiera sufrido un accidente y fuera arrastrada por las corrientes del Caribe.
Su familia nunca quedó convencida y con el avance de las investigaciones surgieron otras líneas vinculadas con posibles delitos de secuestro y trata de personas, así como señalamientos alrededor de la estructura conocida como “Delta Teams”.
Cuatro personas vinculadas a esa estructura —tres ciudadanos estadounidenses y un hondureño— enfrentan el proceso cuyo juicio oral y público está previsto entre el 7 y el 14 de septiembre.
Walter Peña sostiene que a su hija la retuvieron
El padre de Angie sostiene que la información recopilada durante estos años apunta a que su hija permaneció retenida en Roatán después de desaparecer.
Incluso mencionó un hotel que, según su versión, fue incautado a un ciudadano estadounidense que permanece prófugo de la justicia.
Peña asegura que su hija estuvo allí junto con otras posibles víctimas. Estos señalamientos forman parte de la información que la familia exige que se investigue y esclarezca.

Julissa Villanueva asegura que Angie está viva
A esa línea se suman las declaraciones públicas de la exviceministra de Seguridad Julissa Villanueva, quien sostiene que Angie Peña estaría con vida.
Villanueva también mencionó públicamente supuestos obstáculos institucionales alrededor del caso.
Walter Peña considera que la exfuncionaria conoce información importante debido al cargo que ocupó y reclama que todo dato relacionado con el paradero de su hija se esclarezca.
Pero mientras esas versiones continúan alrededor del expediente, la atención inmediata está puesta en septiembre.
Han transcurrido más de cuatro años desde aquella madrugada en West Bay. La familia todavía no sabe dónde está Angie.
Ahora, a las preguntas sobre su desaparición se suma otra urgencia: proteger a quienes podrían ayudar a responderlas antes de que el miedo —o algo peor— también los silencie.
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