El juicio oral y público contra el ciudadano estadounidense Gilbert Reyes dejó atrás los ajustes iniciales y comenzó a entrar en una fase donde lo que se dice en sala empieza a pesar.
Con la evacuación de peritajes y testimonios, el tribunal ya no solo escucha: empieza a construir una línea sobre lo ocurrido.
La jornada inicial arrancó con un leve retraso por la incorporación de un traductor, un detalle que, aunque técnico, marcó el inicio de un proceso que desde el primer día exige precisión.
Superado ese punto, el tribunal dio paso a la declaración de un perito, abriendo formalmente la fase probatoria.
Pero fue el testimonio de la madre de una de las víctimas el que colocó el peso humano en el juicio.
Su declaración no solo aportó elementos al expediente, también recordó que detrás del proceso hay una historia que sigue abierta.
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Gilbert Reyes y los testigos que sostienen la dinámica del proceso
En la continuación del juicio este martes, el ritmo no se detuvo, dos testigos adicionales y un nuevo peritaje fueron evacuados durante la jornada, que se extendió hasta aproximadamente las 4:30 de la tarde.
Cada intervención suma piezas, cada testimonio, cada análisis técnico, aporta a una reconstrucción que ya no se queda en la teoría del caso, sino que empieza a tomar forma frente al tribunal.
La programación de audiencias continuas y la comparecencia de más testigos en los próximos días reflejarán que el proceso entra en una etapa donde la acumulación de prueba será clave para sostener o debilitar la acusación.

Un proceso bajo medidas especiales
El juicio también se desarrolla bajo condiciones particulares. El acusado participa de manera virtual desde el centro penitenciario de Támara, en Francisco Morazán, una medida adoptada por razones de seguridad.
A pesar de esta modalidad, el desarrollo del proceso no se detiene. El tribunal mantiene el curso de las audiencias y garantiza la comparecencia de las partes, en un caso que sigue bajo observación pública.

La prueba entra al centro del caso
El Ministerio Público sostiene que cuenta con más de 100 pruebas para acreditar la responsabilidad penal de Reyes por los delitos de femicidio agravado y asesinato.
Sin embargo, es en esta fase del juicio donde esa afirmación comienza a ser sometida a contraste.
El caso, que se remonta a enero de 2024 tras la desaparición y posterior hallazgo sin vida de tres mujeres en Roatán, ya no se mueve en el terreno de la conmoción.
En el centro del proceso están los nombres que sostienen la acusación: Dione Beatriz Solórzano, Nikendra McCoy y María Antonia Cruz, las tres mujeres cuyo asesinato en Roatán dio origen al caso que hoy se ventila en los tribunales.
Sus identidades, repetidas en sala durante cada intervención, recuerdan que el juicio no solo busca establecer responsabilidades, sino dar respuesta a tres vidas que quedaron truncadas
Ahora se define en la sala, en lo que logren sostener los testigos, en lo que respalden los peritos y en cómo el tribunal valore cada elemento presentado.
El juicio continúa. Y con cada jornada, deja de ser solo un caso conocido para convertirse en una disputa donde la prueba marcará el desenlace.
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