El país no tuvo respiro este 7 de julio de 2025. La cancelación del Estatus de Protección Temporal (TPS) en Estados Unidos y la crisis interna en el Consejo Nacional Electoral (CNE) evidenciaron que Honduras está atrapada entre la incertidumbre migratoria y la desconfianza política.

Fue un lunes convulso: el fin del TPS deja a miles de migrantes en vilo, mientras una pugna interna en el CNE reaviva los temores de fraude a solo cuatro meses de las elecciones.

Un país dividido por dentro y por fuera

Este lunes, Honduras quedó sacudida por dos golpes simultáneos. Por un lado, miles de compatriotas que viven y trabajan en Estados Unidos quedaron al borde de la deportación con la cancelación definitiva del TPS.

Por el otro, una fractura profunda se evidenció dentro del CNE, el órgano que debe garantizar elecciones libres y transparentes el próximo 30 de noviembre.

Ambos hechos parecen alejados, pero están conectados por una misma línea de fondo: la desesperanza y el temor de los hondureños frente a un país que no ofrece garantías ni para quedarse ni para volver.

Migrantes en vilo tras el fin del TPS

Desde Washington, el mensaje fue claro: el TPS para Honduras no será renovado, esto dejó en la incertidumbre a unas 55 mil familias que podrían enfrentar órdenes de deportación.

El canciller Javier Bu admitió que, de materializarse el peor escenario, hasta 50 mil personas podrían regresar a un país que no está listo para recibirlas.

“No voy a especular porcentajes, pero sabemos que habrá un impacto”, dijo Bu, dejando entrever la magnitud del desafío económico y social que se avecina.

Las remesas que sostienen miles de hogares hondureños podrían desplomarse, y la capacidad del Estado para reintegrar a los retornados es prácticamente nula.

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TPS y crisis CNE
La democracia hondureña enfrenta uno de sus momentos más frágiles, entre divisiones internas y amenazas que ponen en riesgo la voluntad del pueblo. Foto: Nueva Sociedad.

El CNE, al borde del colapso interno

Mientras tanto, en Tegucigalpa, el conflicto estalló en el seno del Consejo Nacional Electoral.

La presidenta del CNE, Cossette López, brindó una conferencia de prensa en la que dijo que el consejero Marlon Ochoa intenta imponer una enmienda para que en las próximas elecciones no exista interferencia humana.

“El CNE está conformado por humanos, no por data centers. La ley dice que el CNE analizará y sumará las actas”, señaló López, con lo que desafió a Ochoa y defendió la legalidad del proceso actual.

El funcionario afín al partido de gobierno denunció, a su vez, que sus colegas quieren revivir el esquema de fraude de 2013 y 2017, lo que provocó un terremoto político a solo cuatro meses de las elecciones generales.

Durante su intervención, la consejera presidenta Cossette López fue más allá de las diferencias técnicas y denunció que ella y otros funcionarios del CNE son objeto de presiones indebidas.

Nos están persiguiendo, nos están amenazando", dijo. No se puede tolerar que, a tres meses de las elecciones, se utilicen tácticas de intimidación para forzar decisiones que deben tomarse en el pleno”, advirtió.

La oposición se une: “La democracia está en peligro”

La gravedad de la crisis obligó a los principales precandidatos presidenciales de oposición a comparecer juntos en una conferencia para exigir respeto al proceso electoral.

Nasry Asfura, Vera Sofía Rubí, Nelson Ávila y Godofredo Fajardo acusaron al partido oficialista de maniobrar para sembrar caos y deslegitimar los comicios.

“La democracia hondureña este día está en peligro”, dijo Rubí, en representación de Salvador Nasralla.

Aseguró que si siguen las provocaciones, el partido Libertad y Refundación (Libre) podría empujar al país a un escenario de confrontación innecesaria, en su afán por controlar los hilos del poder a cualquier costo.

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¿Llegaremos al 30 de noviembre?

Mientras los hondureños observan con temor cómo la institucionalidad electoral se fragmenta y el sueño americano se desvanece para miles de compatriotas, la gran pregunta es si el país podrá llegar a las elecciones del 30 de noviembre con un mínimo de confianza ciudadana.

Las dos crisis: la migratoria y la política, se cruzan en un mismo punto: la falta de certidumbre.

Para quienes están afuera, el regreso a un país en crisis es un castigo. Para quienes están dentro, ejercer el derecho al voto en paz parece cada vez más lejano.

Este 7 de julio quedará marcado como una jornada de alerta para Honduras. Un día que mostró, con crudeza, que el país está en riesgo tanto dentro como fuera de sus fronteras.

La democracia tiembla, los migrantes resisten y el futuro aún no ofrece una salida clara.